Cissou en Vilapicina
Bajé del metro en la penúltima parada de la línea cinco. Vilapicina. Ya en la calle no reconocí nada. Podían haberme soltado allí entre mentiras, contarme que el año es 1995 y que me encontraba en Palencia… y hubiese colado todo.
Recordé entonces la teoría, una suerte de explicación: Barcelona, como casi todos saben ya, tuvo su parte de ensanche burgués a finales del XIX, un urbanismo planificado que ha sido excesivamente admirado, y que no fue tanto una “recolocación” proyectada sino una huída –el diseño laberíntico y la aglomeración de casas de huéspedes, prostitutas y anarquistas hicieron Ciutat Vella inhabitable para los “homes de seny”-. La fuga duró hasta que el grueso de la “Gente de Bien” se encontró bien establecida en un inmenso nuevo barrio con aires de pueblo grande (o de ciudad mediana: elijan): el Eixample.
En ese nuevo lugar debían vivir ellos a partir de las seis de la tarde, una vez terminada la jornada de planificación-para-la-producción-y-la-acumulación, por lo que escaparon de las fórmulas “funcionales” que, con toda la jeta del mundo, promocionaron después para otras zonas, precisamente allí donde colocaron al lumpen, su mano de obra, en esas horribles colecciones de nichos verticales cuyo único rasgo arquitectónico destacable, repito, es la “funcionalidad”, como “funcional” es un cartón para un indigente o el cajón de las cacas de mi gato. Sí. El término “funcional” irrita. Porque no significa nada. Sólo serviría de valoración si se nos ofreciese algún elemento comparativo, por ejemplo, si de vez en cuando se construyesen viviendas sin techo, incapaces de resguardar a sus habitantes de la intemperie. Eso, como se ve, no sería "funcional". El resto, allá donde hay techo, cabe un catre y un cagadero, es "funcional".
El caso es que las colmenas “funcionales” se extendieron a lo largo de la sierra del litoral, al oeste, por el norte y por el sur hasta empalmar Barcelona con todo pueblo aledaño. O hasta deglutir pequeñas villas y hacer de ellas "barrio". Ahora Barcelona sólo puede crecer por el Mar. Es cuestión de tiempo que empiece a contactarse con ingenieros holandeses para diseñar el 23@ sobre un caladero de salmonetes.
Será por todo esto que nunca he terminado de tragarme el Orgullo de Barrio Obrero. Al fin y al cabo, crecido entre semejante fealdad, uno puede estar orgulloso de la clase a la que pertenece (ser de los jodidos es siempre motivo de orgullo) pero el resto del orgullo parece una pura amplificación de su origen.
Un animal no debe sentirse orgulloso de su jaula. La jaula es una imposición.
Presentemos ahora un caso análogo: no parecería lógico negar la Novela como "forma burguesa de entretenimiento", cuando resulta innegable que los únicos que reunieron tiempo y la formación necesaria para inventarla fueron precisamente los burgueses, pues ni el trabajo consumía inútilmente su jornada ni estuvieron des-educados para mover máquinas como autómatas ni debieron gastar sus energías en confrontación física, ya que la policía siempre les hizo ese favor.
Con los barrios sucede un poco lo mismo, aunque algunas formas de marxismo ortodoxo, sobretodo aquellas que llevan un cierto miserabilismo asociado y están empeñadas tan solo en la corrección de la titularidad sistema productivo, están obstinadas en negar la belleza y revindicar los espacios diseñados para la miseria. ¿Pero acaso alguien puede oponer Vilapicina al Ensanche? ¿O Nou Barris a las antiguas villas absorbidas (Sants, Gràcia, Sant Andreu)?
Al negar al “burgués” (¿a ver cómo traducimos esto al idioma de hoy sin jerga negriana?), quieren negar también todas sus creaciones, pero resulta imposible escapar a determinadas certezas: que todos queremos vivir bajo techos altos, bañados por la luz que deja entrar un inmenso ventanal, con cerámicas encenefadas, con jardines frente a nuestra portería, queremos gozar de un urbanismo de proximidad, tener lugares por los que pasear, buenas bodegas para el vermut, y también callejuelas para poder escapar de la policía en caso que nuestra protesta exceda lo permitido… Sin exagerar. No nos hacen falta mansiones ni campos de golf ni vehículos en propiedad, pero a todos nos gusta Lo Bueno, en definitva. Y para disfrutar de Lo Bueno, se nos interponen los apologetas de la destrucción-por-la-construcción, de la producción-eterna-para-la-acumulación-de-unos-pocos, ya sean ideólogos de esta democracia burguesa o partidarios del partido único. En resumen: los ideólogos y empleados del Estado y el Capital en todas sus variantes políticas, que son quienes fomentan el Progreso con su correspondiente construcción de espacios diseñados para la miseria. Nuestros habitáculos incluídos.
No se trata de que los burgueses se “proletaricen” como castigo a sus pecados. Y que vengan ellos también a habitar nichos verticales. No se trata tampoco de impugnarlo todo y regresar a nuestro estadio cazador-recolector. Idealizar un pasado desconocido tampoco se me antoja respuesta. Se trata más bien de que deje de haber privilegios, que es algo bien distinto. Lo Bueno para Todos. Para eso se han hecho siempre las revoluciones hasta que partidos y sindicatos han llegado a engorrinarlo todo con burocracia y directrices de vanguardia. Y nuevos habitáculos iguales a los anteriores.
El urbanismo que queremos responde también a estas pretensiones: plazas y calles peatonales y bodegas para todos. Supresión del automóvil ya. Prohibición colectiva de tapar el horizonte con más de tres plantas. Patios andaluces obligatorios. Fin del empleo de los espacios colectivos por parte de las empresas privadas: no más anuncios ni patrocinantes de obras. No más estaciones de metro nestafé o movispar. Queremos edificios con alerones que acojan paseos abovedados. No queremos esa mierda de terracitas que sobresalen de los nuevos nichos, que no sirven ni para guardar una bicicleta…
Me dirán que exagero pero… ¿de dónde proceden las ansias de fuga? ¿Porqué llegado el viernes el Barcelonés o cualquier otro ciudadano de las ciudades-construidas-para-la-miseria toma su automóvil y huye “al pueblo” (cuando su verdadero pueblo, en su acepción de origen, que es la que se usa cuando se habla domingueramente, es la ciudad de la que huye)? ¿Porqué se venden tantas segundas residencias que no se usan? ¡Sólo por el anzuelo de La Fuga! Esa es la respuesta. Yo creo que hoy existen las mismas ganas de escaparse que hubo en la huída burguesa de finales del XIX y a la que me he referido antes, sólo que ahora somos demasiados ya no tenemos hacia donde huir, con los pueblos turistificados, el campo industrializado y la ciudad seccionada para el movimiento del Dinero.
Sentados en una terraza en Vilapicina, Raúl, Dani y yo observamos nuestro entorno. La ciudad se nos echaba encima. A un lado, feas moles inmensas diseñadas para acoger asalariados. Debajo, calles desproporcionadamente anchas (las avenidas anchas tienen dos explicaciones: si son antiguas, fueron construidas para que la caballería –es decir: la represión- llegase más rápido; si son modernas, se han pensado para los automóviles).
Desde luego, habría que recolocar el urbanismo en el centro del debate. Determinados espacios son un llamamiento a la marginalidad. La inadaptación es la respuesta natural; si se tiene sangre en las venas, sólo cabe oponerse a tamaña fealdad. Resulta inconcebible que aún haya quien no entienda porqué en los suburbios franceses se queman automóviles, escuelas y centros de colocación.
Lo raro es que no pase más... y que no pase aquí.
En El Señor Malaussene, Daniel Pennac formula esta misma denuncia de una forma más "sutil" con su personaje de Cissou la Nieve :
“Cissou la Nieve era un fantasma de la plaza des Fetes. Ni siquiera un superviviente, un fantasma. Durante más treinta años había sido el botiguero (tabernero-carbonero-quincallero-cerrajero) de una aldea redonda, encaramada sobre los techos de París. Luego, los criminales de Paz habían caídos sobre la plaza des Fetes. Lo que habían hecho en aquella aldea, algunos uniformes lo hacían un poco por todo el mundo. Bombardeos o expropiaciones, ametralladoras o martillos neumáticos, el resultado era el mismo: éxodos, suicidios.”Criminales de Paz”, Cissou nunca los llamaba de otro modo. Criminales de paz, reductores de nidos, hacedores de exilio, proveedores del crimen. Cissou, que nunca se asociaba a los grandes debates públicos, profesaba interiormente que la única prevención eficaz contra la criminalidad del extrarradio pasaba por la ejecución capital de un arquitecto de cada dos, de dos promotores de cada tres y de tantos alcaldes y consejeros generales como fuera necesario para hacerles comprender lo bien fundado de aquella política.”
Recordé entonces la teoría, una suerte de explicación: Barcelona, como casi todos saben ya, tuvo su parte de ensanche burgués a finales del XIX, un urbanismo planificado que ha sido excesivamente admirado, y que no fue tanto una “recolocación” proyectada sino una huída –el diseño laberíntico y la aglomeración de casas de huéspedes, prostitutas y anarquistas hicieron Ciutat Vella inhabitable para los “homes de seny”-. La fuga duró hasta que el grueso de la “Gente de Bien” se encontró bien establecida en un inmenso nuevo barrio con aires de pueblo grande (o de ciudad mediana: elijan): el Eixample.
En ese nuevo lugar debían vivir ellos a partir de las seis de la tarde, una vez terminada la jornada de planificación-para-la-producción-y-la-acumulación, por lo que escaparon de las fórmulas “funcionales” que, con toda la jeta del mundo, promocionaron después para otras zonas, precisamente allí donde colocaron al lumpen, su mano de obra, en esas horribles colecciones de nichos verticales cuyo único rasgo arquitectónico destacable, repito, es la “funcionalidad”, como “funcional” es un cartón para un indigente o el cajón de las cacas de mi gato. Sí. El término “funcional” irrita. Porque no significa nada. Sólo serviría de valoración si se nos ofreciese algún elemento comparativo, por ejemplo, si de vez en cuando se construyesen viviendas sin techo, incapaces de resguardar a sus habitantes de la intemperie. Eso, como se ve, no sería "funcional". El resto, allá donde hay techo, cabe un catre y un cagadero, es "funcional".
El caso es que las colmenas “funcionales” se extendieron a lo largo de la sierra del litoral, al oeste, por el norte y por el sur hasta empalmar Barcelona con todo pueblo aledaño. O hasta deglutir pequeñas villas y hacer de ellas "barrio". Ahora Barcelona sólo puede crecer por el Mar. Es cuestión de tiempo que empiece a contactarse con ingenieros holandeses para diseñar el 23@ sobre un caladero de salmonetes.
Será por todo esto que nunca he terminado de tragarme el Orgullo de Barrio Obrero. Al fin y al cabo, crecido entre semejante fealdad, uno puede estar orgulloso de la clase a la que pertenece (ser de los jodidos es siempre motivo de orgullo) pero el resto del orgullo parece una pura amplificación de su origen.
Un animal no debe sentirse orgulloso de su jaula. La jaula es una imposición.
Presentemos ahora un caso análogo: no parecería lógico negar la Novela como "forma burguesa de entretenimiento", cuando resulta innegable que los únicos que reunieron tiempo y la formación necesaria para inventarla fueron precisamente los burgueses, pues ni el trabajo consumía inútilmente su jornada ni estuvieron des-educados para mover máquinas como autómatas ni debieron gastar sus energías en confrontación física, ya que la policía siempre les hizo ese favor.
Con los barrios sucede un poco lo mismo, aunque algunas formas de marxismo ortodoxo, sobretodo aquellas que llevan un cierto miserabilismo asociado y están empeñadas tan solo en la corrección de la titularidad sistema productivo, están obstinadas en negar la belleza y revindicar los espacios diseñados para la miseria. ¿Pero acaso alguien puede oponer Vilapicina al Ensanche? ¿O Nou Barris a las antiguas villas absorbidas (Sants, Gràcia, Sant Andreu)?
Al negar al “burgués” (¿a ver cómo traducimos esto al idioma de hoy sin jerga negriana?), quieren negar también todas sus creaciones, pero resulta imposible escapar a determinadas certezas: que todos queremos vivir bajo techos altos, bañados por la luz que deja entrar un inmenso ventanal, con cerámicas encenefadas, con jardines frente a nuestra portería, queremos gozar de un urbanismo de proximidad, tener lugares por los que pasear, buenas bodegas para el vermut, y también callejuelas para poder escapar de la policía en caso que nuestra protesta exceda lo permitido… Sin exagerar. No nos hacen falta mansiones ni campos de golf ni vehículos en propiedad, pero a todos nos gusta Lo Bueno, en definitva. Y para disfrutar de Lo Bueno, se nos interponen los apologetas de la destrucción-por-la-construcción, de la producción-eterna-para-la-acumulación-de-unos-pocos, ya sean ideólogos de esta democracia burguesa o partidarios del partido único. En resumen: los ideólogos y empleados del Estado y el Capital en todas sus variantes políticas, que son quienes fomentan el Progreso con su correspondiente construcción de espacios diseñados para la miseria. Nuestros habitáculos incluídos.
No se trata de que los burgueses se “proletaricen” como castigo a sus pecados. Y que vengan ellos también a habitar nichos verticales. No se trata tampoco de impugnarlo todo y regresar a nuestro estadio cazador-recolector. Idealizar un pasado desconocido tampoco se me antoja respuesta. Se trata más bien de que deje de haber privilegios, que es algo bien distinto. Lo Bueno para Todos. Para eso se han hecho siempre las revoluciones hasta que partidos y sindicatos han llegado a engorrinarlo todo con burocracia y directrices de vanguardia. Y nuevos habitáculos iguales a los anteriores.
El urbanismo que queremos responde también a estas pretensiones: plazas y calles peatonales y bodegas para todos. Supresión del automóvil ya. Prohibición colectiva de tapar el horizonte con más de tres plantas. Patios andaluces obligatorios. Fin del empleo de los espacios colectivos por parte de las empresas privadas: no más anuncios ni patrocinantes de obras. No más estaciones de metro nestafé o movispar. Queremos edificios con alerones que acojan paseos abovedados. No queremos esa mierda de terracitas que sobresalen de los nuevos nichos, que no sirven ni para guardar una bicicleta…
Me dirán que exagero pero… ¿de dónde proceden las ansias de fuga? ¿Porqué llegado el viernes el Barcelonés o cualquier otro ciudadano de las ciudades-construidas-para-la-miseria toma su automóvil y huye “al pueblo” (cuando su verdadero pueblo, en su acepción de origen, que es la que se usa cuando se habla domingueramente, es la ciudad de la que huye)? ¿Porqué se venden tantas segundas residencias que no se usan? ¡Sólo por el anzuelo de La Fuga! Esa es la respuesta. Yo creo que hoy existen las mismas ganas de escaparse que hubo en la huída burguesa de finales del XIX y a la que me he referido antes, sólo que ahora somos demasiados ya no tenemos hacia donde huir, con los pueblos turistificados, el campo industrializado y la ciudad seccionada para el movimiento del Dinero.
Sentados en una terraza en Vilapicina, Raúl, Dani y yo observamos nuestro entorno. La ciudad se nos echaba encima. A un lado, feas moles inmensas diseñadas para acoger asalariados. Debajo, calles desproporcionadamente anchas (las avenidas anchas tienen dos explicaciones: si son antiguas, fueron construidas para que la caballería –es decir: la represión- llegase más rápido; si son modernas, se han pensado para los automóviles).
Desde luego, habría que recolocar el urbanismo en el centro del debate. Determinados espacios son un llamamiento a la marginalidad. La inadaptación es la respuesta natural; si se tiene sangre en las venas, sólo cabe oponerse a tamaña fealdad. Resulta inconcebible que aún haya quien no entienda porqué en los suburbios franceses se queman automóviles, escuelas y centros de colocación.
Lo raro es que no pase más... y que no pase aquí.
En El Señor Malaussene, Daniel Pennac formula esta misma denuncia de una forma más "sutil" con su personaje de Cissou la Nieve :
“Cissou la Nieve era un fantasma de la plaza des Fetes. Ni siquiera un superviviente, un fantasma. Durante más treinta años había sido el botiguero (tabernero-carbonero-quincallero-cerrajero) de una aldea redonda, encaramada sobre los techos de París. Luego, los criminales de Paz habían caídos sobre la plaza des Fetes. Lo que habían hecho en aquella aldea, algunos uniformes lo hacían un poco por todo el mundo. Bombardeos o expropiaciones, ametralladoras o martillos neumáticos, el resultado era el mismo: éxodos, suicidios.”Criminales de Paz”, Cissou nunca los llamaba de otro modo. Criminales de paz, reductores de nidos, hacedores de exilio, proveedores del crimen. Cissou, que nunca se asociaba a los grandes debates públicos, profesaba interiormente que la única prevención eficaz contra la criminalidad del extrarradio pasaba por la ejecución capital de un arquitecto de cada dos, de dos promotores de cada tres y de tantos alcaldes y consejeros generales como fuera necesario para hacerles comprender lo bien fundado de aquella política.”
8 Comments:
Apasionante, el tema del urbanismo... e infravalorado, lamentablemente... una pena que no se mire más hacia él, con todas las señales e indicios que lleva consigo, como contenedor de desigualdades, deseos, aspiraciones, etc... tú indicas algunas, acertadas, y todavía hay más...
en esto los situs tb acertaban...
Gracias Zinc.
Grandioso el post de Fela Kuti, por cierto... últimamente no paro de escuchar Antibalas... que es más o menos lo mismo, aunque no lo sea.
Hombre, no sé qué decir.
En Palencia hay mucho caravista nacionalcatólico —como en la mayor parte de las ciudades españolas, por otra parte— pero nidos, lo que se dice nidos...
Los bloques de más de 7 plantas son escasos, aunque haylos; a menudo exhiben una fallada de caravista amarillo mugriento —una variedad tal vez autóctona no sé.
El bloque más alto creo que tiene 18 plantas; está en un típico barrio "obrero".
Aunque a juzgar por las convicciones de los palentinos es dudoso que los vecinos de ese barrio (o de cualquier otro) se consideren a sí mismo "obreros".
¿Por qué no hay bloques estilo bellvitge o singuerlín? No lo sé; tal vez en los "felices e ingenuos años 60" se considerara que esas moles tenían un tufo como... del este que no convenía mucho a una ciudad de gente de bien; "éso es más para los degenerados periféricos", debieron de pensar.
Por lo demás ese bello estilo arquitectónico denominado "pepero tardío" está empezando a hacer su aparición en la ciudad. ¡Con timidez, sí, pero pronto nosotros también tendremos avenidas con balcones de cristal translúcido que cuestan poco y hacen que el constructor se gane un dinerito extra!
A mi hay una cosa que me llama la atención a la par que me deprime en Madrid, no se como será en Barcelona: aquí hay que pagar por la luz. Todas las manzanas están tan saturadas, que la m,ayoría tenemos ventanas (más bien respiraderos) que dan a los "patios de luces" (menudo eufemismo), estrechos nidos de ratas que aportan tinieblas a las casas. Eso, sumado a las ruidosas avenidas, los bloques de cemento, las paredes de papel, los espacios mil veces subdivididos para cobrar más alquileres...Lo próximo será prolongar la jornada laboral 16 horas, para así no tener necesidad de viviendas y poder guardarnos a todos en cajones por las noches.
Elena: yo vivo en la periferia de Valencia y es a lo que estamos abocados. Se planta un edificio aquí, otro allá y quedan cortocircuitadas las acequias. No hay manera de hacer llegar el agua para regar lo-que-queda-de-huerta. Me asomo al balcón y saludo al vecino del balcón de enfrente, a menos de quince metros. Podemos hablar con toda tranquilidad. Pronto podré hacer lo mismo asomándome al patio trasero.
muy cierto... creo que la primera causa de muerte en Barcelona es el suicidio.
No, creo que es la hipoteca ...
Me ha gustado eso de que un animal no debe sentirse orgulloso de su jaula, si la gente pensara más en eso, otra cosa sería esta mierda de sociedad...saludos....israel
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