¡Cuidado! ¡Un Heffalump!
¡¡¡Nosotros os defenderemos de los Heffalumps!!!Últimamente he de tragarme alguna que otra película de Winnie The Pooh. Cosas de ser papá. Aparece el osito tontorrón y mi hija se vuelve loca. Los argumentos le importan más bien nada. Lo que le gusta es que haya mogollón: que salgan animales de todo tipo y que canten y bailen como si fuese a acabarse el mundo. De hecho, vamos directos a las canciones. El resto sobra. A mí, sin embargo, el mogollón me aturde y tiendo al análisis sesudo de los contenidos. Todavía no he detectado la ideología de Tiger –se diría que es patafísico; o dadá: inventa palabras y fórmulas matemáticas absurdas; en cualquier caso, se trata del mejor personaje-, y desde ya puedo afirmar que Conejo es facha, Buho un intelektual de pega y Piglet un acomplejado, de ahí su servilismo. Parece alemán. El Burro, por otro lado, tiene siempre una expresión grave, como quien acaba de teminarse un ensayo de Cioran.
Sin embargo, no vengo hoy a hacer una semblanza de unos peluches animados, sino a llamar la atención acerca de la vigencia del apasionante argumento de Winnie The Pooh y el Pequeño Elefante. En el Bosque de los Cien Acres corren rumores de que se acercan unos enormes y horripilantes Heffalumps, por lo que la población se moviliza para guerrear y apresar a los temibles Heffalumps. Montan lynch mobs y tienden trampas por el bosque. Son como unos minutemen en miniatura. Pero sucede que los Heffalumps son en realidad simpáticos elefantes, unas criaturas educadas y encantadoras.
Según la ideología en boga, que como bien declara Pedro García Olivo tiende al Pensamiento Cero, la cosa puede interpretarse como alegato ciudadanista: todos podemos convivir, viva el buen rollo entre colores, viva la tolerancia gansa al por mayor y todos bienvenidos mientras tengáis dinero, posibles varios y nos admiréis como cultura progresada, etcétera, etcétera. Es más o menos la lectura que un pedagogo le daría a mi hija en una escuela. Los análisis sociológicos que he leído últimamente sobre inmigración no superan en profundidad el argumento de Winnie The Pooh y el Pequeño Elefante. Manel Castells anda así así. Se añade algo de jerga, tapa dura y, hala, veinte euros de bellón.
Aunque también, y aquí es donde estriba el interés, esta parece una narración de corte orwelliano. El Uno que desconoce al Otro y le teme, y que a continuación y sobre esta premisa, monta todo un sistema de creencias. Y es que me da que todas las explicaciones del mundo actual encajan sobre un esquema de temores múltiples y conexos, todos ellos fundados sobre el desconocimiento. Ahí tienen ustedes a toda esa pandilla de liberales asustados que temen a los Heffalumps. Ahí tienen ustedes a los Estados armándose hasta las cejas: ¡un día atacarán los Heffalumps! La pelota argumental puede hacerse más o menos compleja, pero eso es siempre lo que subyace. ¡Buh! ¡Qué Miedo!
Pueden ustedes leerse el último tocho infumable de Jose Antonio Marina o ver la mencionada película Winnie The Pooh y el Pequeño Elefante. El mensaje es el mismo. Hay más o menos la misma diferencia que entre los pasquines de Michael Moore y los ensayos de Noam Chomsky.
La diferencia es básicamente el grado de elaboración.
Ruego disculpen el tema de este post, otro día comentaré algo de Walter Benjamin o de Theodor Adorno... lamentablemente, los referentes narrativos los suministra siempre la actualidad... y esta es mi actualidad.
3 Comments:
A mí me gusta cuando Tiger salta sobre la barriga de Winnie The Poo.
Lo que no comprendo es por qué dices que Tigger habla rarosamente.
d.
¿Y Rito que es el que se hace amiguito de los Heffalumps?.
Para que luego digamos que la Disney inocula las ideas más reaccionarias en nuestros/as pequeños!!!
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