la patata de la libertad

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3.9.07

De regreso

Bien, no son demasiados días los que llevo apartado del teclado pero 35 días son unos cuantos días. La cosa es que me fui, de nuevo, creo que por ochentisietenaba ocasión, por aquellas tierras donde se dice que hay una revolución bolivariana, y lo cierto es que revolución, lo que se dice revolución, no la hay, aunque en contraste con la contrarrevolución financiero-liberal que se lleva a cabo en el resto del mundo de forma simultánea, pueda llegar a parecerlo. De hecho, se diría que es todo lo contrario, hay capitalismo a saco paco, así que uno no termina de entender en donde queda ese castro-comunismo populista de las columnas histéricas de tantos opinólogos imbéciles ilustrados. Según se entra en cualquiera de las ciudades venezolanas pueden verse carteles luminosos de cola-loca y pemsi-light, demostraciones colectivas de consumismo desenfrenado, centros comerciales forrados de sucursales de inditex, trabajo precario a punta pala, automovilidad generalizada (a unos niveles semejantes a los de EEUU, con una imposibilidad casi completa de pasear a pie sin otra finalidad que el consumo) y una simbiosis entre capitales privados y públicos que quisiera para sí un matrimonio bien avenido. El único elemento distintivo que no puede verse por aquí por Europa es esa clase que un subnormal como el hijo de Vargas Llosa o cualquier economista infrahumano de Libertad Digital llamaría microempresariado: esto es, un señor en motocicleta rodeado de bolsas de pan hasta el metro ochenta de altura, una señora sin dientes que vende papelón con limón, una mocita embarazada con termos de café, un microempresario con una mesita plegable y dos teléfonos móviles en alquiler, etcétera etcétera… Lo que se dice gente pobre sobreviviendo de cualquier manera.
Lo que también se ve es un Estado haciendo esas cosas que aquí, hace veinte años –justo antes de que la rentabilidad se erigiese como valor cualitativo único-, eran las actividades propias de un Estado progresado: exigir que las empresas paguen sus impuestos, asegurar las jubilaciones dignas de sus funcionarios, dotar de sanidad pública y próxima… El caso es que ahora que los Estados viven de réditos de cuando la socialdemocracia se aplicó de forma efectiva y se desensambla lentamente cualquier logro colectivo, todas esas medidas parecen alucinantes y una cosa así como soviético-cubana, así sean una reducción posibilista de lo que una verdadera revolución podría conllevar.
La justificación teórica de este extraño machihembrado entre turbocapitalismo y socialismo tropical, según he escuchado a su presidente, se apoya en los siguientes pilares: la soberanía nacional, la integración latinoamericana, el desarrollo endógeno y el poder popular. Hmmm. Cada vez tengo más dudas sobre la compatibilidad de este último concepto –el único que podría secundar- con todos los anteriores. Es decir, ¿como compatibilizar la soberanía estatal con una profundización del poder popular? Por lo que he observado, de ninguna forma. O de una forma torticera y manipuladora: se insertan representantes de partidos políticos en consejos comunales y se trasladan a estos consejos las directrices del Partido. Del mismo modo en que los leninistas han intentado toda su vida secuestrar asambleas para legitimar sus decisiones con la voluntad de unos cuantos. También cabe preguntarse como se puede compatibilizar la creación de un meta-estado latinoamericano similar a la UE con la pretensión de radicalizar la democracia y el poder popular. Si ya existe una brecha insalvable entre el Estado y los que, abajo, pretenden hacerse con el control de sus vidas ¿no se amplia esta distancia con cada jerarquía de poder superior que se coloque? La única parte que me parece deseable es la del “desarrollo endógeno”, y qué quieren que les diga, cuesta imaginar un país que dependa en mayor grado de las importaciones. No fabrican sus automóviles. Importan carne, leche, trigo y cebada. Es decir, deben procurarse del extranjero vehículos, proteínas, pan y alimento para los niños.
Claro que siempre se puede exigir paciencia, y dar más tiempo para que, como dicen arriba, se “consolide el proceso”. Desde luego, seguir con este régimen, que por lo menos procura comida a bajo precio y atención sanitaria, parece bastante más apetecible que volver a ese estado elitista, liberal y policiaco que existía antes… pero en todo caso, lo que sucede por allí dista un mundo de las versiones edulcoradas y sentimentales que se relatan en las páginas webs afines a Izquierda Unida y el PC, así como tiene poco que ver con las versiones histriónicas que la prensa escrita hace de ese capitalismo reformista, algo más comedido que el de los países que le rodean.
Finalmente, déjenme apuntar la formidable inquina que crece dentro de mí contra una de las peores formas de turismo occidental: el turismo revolucionario. Cuesta mucho morderse la lengua ante unos chavales que regresan de su primer viaje latinoamericano con camisetas del Partido Socialista Unificado de Venezuela y un discurso repleto de jerga bolivariana. Por suerte, me criaron educado y respetuoso, y sé cuando abrir y cerrar compuertas. Una vez más, preferí seguir leyendo antes que poner a hervir mis arterias.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Parlant d'aixó:
A l'últim Smile hi ha un article molt bó sobre el tancament de RCTV.
De fet molta gent es pensa que l'has escrit tú sota seudònim.
Si no el tens, ja saps, ho tens al costat de casa. O a l'Helio o al Garaje…
au revoire

4:19 p. m.  
Blogger Elena Duque said...

A mi este año me toca de nuevo visita decembrina a casa de mis padres que cada día están mas paranoicos. Este siempre es un tema que trae muchas y muy variadas contradicciones tanto internas de uno mismo como las que se ven, como ese capitalismo salvaje que bien dices rodeado de pintadas de abajo el imperialismo. A pesar de todo, y no se si te pasa a ti, a mi me da siempre la impresión de que aún es posible que en venezuela pase algo, no se si por la propia actitud de la gente o porque aún hay mucho que hacer y que inventar.

11:33 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

No, a mí la sensación que me da es que se está formando una clase media "bolivariana" con los mismos vicios y defectos que aquella que han venido a reemplazar. Antiimperialistas de boquilla que en cuanto pueden se compran una Chevy Blazer y se escapan al centro comercial.
Yo estoy bastante escarmentado: prefiero lo que hay a lo que había, pero me temo que lo que hay ha empezado a degenerar de forma muy rápida.
De todos modos, yo voy a un pequeño pueblo de Margarita, cerca de Juan Griego, y allí -pese que no es una zona de turismo de la isla- la tensión y el movimiento bolivariano siempre ha sido muy moderado. En Puerto Ordaz y San Félix vi algo más de agitación política.
Saludos.

12:15 p. m.  

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