Observaciones varias
Después del verano, que hace las funciones de verdadero fin de año –¿quién en su sano juicio puede creer que el 31 de diciembre separe nada?-, no tengo demasiadas reflexiones políticas que ofrecerles. He estado apartado de la actualidad y no tengo ninguna intención de recuperar el escaso interés que me merece el teatrillo institucional del Estado. Además, tengo la sensación de saberlo ya todo. Me parece que no es la primera vez que el líder de la oposición está indignado y culpa al gobierno de la caótica situación (¡nunca se había visto nada igual!) mientras el presidente asegura que todo ha sido minuciosamente planificado y que en breve se verán los frutos -no se sabe cuales-.
Por otro lado, la cosa se está poniendo muy chunga con el déficit de infraestructuras, pues parece ser que existen aproximadamente unas doscientas personas muy interesadas en llegar a Madrid en tren y en menos de tres horas (¡hay que ser agonías!). En lo deportivo, veo que hay varios frentes abiertos. La Selección Nacional del Noreste no podrá jugar contra los Estados Unidos de Norteamérica. El equipo McRalen ha saboteado varios Ferrattis haciendo agujeritos en la tapa del delco de algunos de sus bólidos. A posta. Finalmente, parece ser que Romualdinho volvió a meter gol otra vez. Un cañardo y de falta libre directa.
Además de regar estos pasados y calurosos días de vacacionador-descansante con abundante fermento de cebada y ron añejo, mi verano ha sido, en comparación con los anteriores, parco en lecturas. Y confieso que es la lectura de ensayos lo que me anima a hacer aportaciones a este blog. Sin gasolina intelectual, mi tubo de escape no suelta ninguna flatulencia sesuda.
Sí cayeron, sin embargo, un par de novelitas policíacas de Chester Himes y Mickey Spillane (¡menudo fascistón, madredediós!), un ensayo de Terry Eagleton (“Después de la teoría”: enrevesado e intrascendente, con todo lo que admiro a Eagleton) y, arrodíllense mortales, una obra maestra a la que se debería prestar mucha más atención: “Las aventuras del Valeroso Soldado Schweik”. Esta novela, escrita en su mayor parte por Jaroslav Hasez y terminada por un anónimo colaborador, merece un lugar junto a Matadero 5 y Catch 22 en la empinada cumbre de la sátira antibelicista (qué frase más cursi, madre mía). Los curas y los militares austrohúngaros de la primera guerra mundial son retratados como una cuerda de glotones, borrachos, puteros, zotes inmorales e incompetentes. Una imagen que puede proyectarse a la práctica totalidad de los cuerpos militar y eclesiástico de todo el planeta y de cualquier época. No se lee como ninguna opinión personal del autor, sino como una fiel representación escrita de lo que las jerarquías y la obediencia imbécil hacen de la gente.
Les decía que en general, mis reflexiones veraniegas no han sido de mayor calado, aunque sí tengo una lista corta de observaciones:
-La seguridad aeroportuaria ha llegado a un punto insoportable. En adelante, sólo viajaré en avión cuando sea estrictamente necesario. Se acabó lo de considerarlo Ocio. En general, no creo que a los delincuentes se les deba tratar como a delincuentes, así que imaginen la opinión que me merece que el resto de ciudadanos seamos tratados también como una turba de terroristas suicidas.
-Veo que proliferan los partidos antinacionalistas, es decir, nacionalistas españoles. Fundamentalmente, se integran en ellos filósofos, intelektuales y gentes variopintas que consideran que una banda terrorista en las últimas y el bilingüismo son el origen de todos nuestros males. La precariedad generalizada, la especulación inmobiliaria salvaje, el ecocidio en curso y la mercantilización de la vida cotidiana pertenecen a un segundo orden de preocupaciones, por detrás de la necesaria instalación de redes güifi y la militarización del espacio público.
-Se ríen de nosotros todo el rato, los muy hijosdeputa. Durante los años de bonanza, venga a acumular y reinvertir como dementes. Y cuando vienen mal dadas, inyecciones estatales hacia los fondos financieros, no vaya a ser que el tinglado se resienta. Malditos ladrones. Es el viejo truco de cuando-gano-me-lo-quedo-y-cuando-pierdo-te-lo-pido-a-tí. Motivo extra para ser anarquista.
-Da gusto volver de un retiro temporal y encontrar la ciudad condal llena de piernas bronceadas. En septiembre, ellas las lucen mucho más. Es desconcertante. Desde aquí hago un llamamiento a que nos enseñen las piernas el resto del año, así las tengan blanquecinas y sin brillo. También nos gustan de ese modo.
Y ya está. Llega el fin de semana.
Dróguense ustedes a gusto y procuren no transpirar demasiado.
Hasta otra.
Por otro lado, la cosa se está poniendo muy chunga con el déficit de infraestructuras, pues parece ser que existen aproximadamente unas doscientas personas muy interesadas en llegar a Madrid en tren y en menos de tres horas (¡hay que ser agonías!). En lo deportivo, veo que hay varios frentes abiertos. La Selección Nacional del Noreste no podrá jugar contra los Estados Unidos de Norteamérica. El equipo McRalen ha saboteado varios Ferrattis haciendo agujeritos en la tapa del delco de algunos de sus bólidos. A posta. Finalmente, parece ser que Romualdinho volvió a meter gol otra vez. Un cañardo y de falta libre directa.
Además de regar estos pasados y calurosos días de vacacionador-descansante con abundante fermento de cebada y ron añejo, mi verano ha sido, en comparación con los anteriores, parco en lecturas. Y confieso que es la lectura de ensayos lo que me anima a hacer aportaciones a este blog. Sin gasolina intelectual, mi tubo de escape no suelta ninguna flatulencia sesuda.
Sí cayeron, sin embargo, un par de novelitas policíacas de Chester Himes y Mickey Spillane (¡menudo fascistón, madredediós!), un ensayo de Terry Eagleton (“Después de la teoría”: enrevesado e intrascendente, con todo lo que admiro a Eagleton) y, arrodíllense mortales, una obra maestra a la que se debería prestar mucha más atención: “Las aventuras del Valeroso Soldado Schweik”. Esta novela, escrita en su mayor parte por Jaroslav Hasez y terminada por un anónimo colaborador, merece un lugar junto a Matadero 5 y Catch 22 en la empinada cumbre de la sátira antibelicista (qué frase más cursi, madre mía). Los curas y los militares austrohúngaros de la primera guerra mundial son retratados como una cuerda de glotones, borrachos, puteros, zotes inmorales e incompetentes. Una imagen que puede proyectarse a la práctica totalidad de los cuerpos militar y eclesiástico de todo el planeta y de cualquier época. No se lee como ninguna opinión personal del autor, sino como una fiel representación escrita de lo que las jerarquías y la obediencia imbécil hacen de la gente.
Les decía que en general, mis reflexiones veraniegas no han sido de mayor calado, aunque sí tengo una lista corta de observaciones:
-La seguridad aeroportuaria ha llegado a un punto insoportable. En adelante, sólo viajaré en avión cuando sea estrictamente necesario. Se acabó lo de considerarlo Ocio. En general, no creo que a los delincuentes se les deba tratar como a delincuentes, así que imaginen la opinión que me merece que el resto de ciudadanos seamos tratados también como una turba de terroristas suicidas.
-Veo que proliferan los partidos antinacionalistas, es decir, nacionalistas españoles. Fundamentalmente, se integran en ellos filósofos, intelektuales y gentes variopintas que consideran que una banda terrorista en las últimas y el bilingüismo son el origen de todos nuestros males. La precariedad generalizada, la especulación inmobiliaria salvaje, el ecocidio en curso y la mercantilización de la vida cotidiana pertenecen a un segundo orden de preocupaciones, por detrás de la necesaria instalación de redes güifi y la militarización del espacio público.
-Se ríen de nosotros todo el rato, los muy hijosdeputa. Durante los años de bonanza, venga a acumular y reinvertir como dementes. Y cuando vienen mal dadas, inyecciones estatales hacia los fondos financieros, no vaya a ser que el tinglado se resienta. Malditos ladrones. Es el viejo truco de cuando-gano-me-lo-quedo-y-cuando-pierdo-te-lo-pido-a-tí. Motivo extra para ser anarquista.
-Da gusto volver de un retiro temporal y encontrar la ciudad condal llena de piernas bronceadas. En septiembre, ellas las lucen mucho más. Es desconcertante. Desde aquí hago un llamamiento a que nos enseñen las piernas el resto del año, así las tengan blanquecinas y sin brillo. También nos gustan de ese modo.
Y ya está. Llega el fin de semana.
Dróguense ustedes a gusto y procuren no transpirar demasiado.
Hasta otra.
2 Comments:
¿Y desde cuándo ser glotón, borracho, putero e incompetente, como los militares y curas austrohúngaros es malo? :)
Lo de "zotes inmorales" ya me gusta menos...
Esta semana di con el blog por casualidad (mejor, por una secuencia de enlaces que sería imposible de recordar ;-). El caso es que me ha enganchado, da gusto leer algo inteligente y que va más allá del análisis habitual.
Enhorabuena y saludos
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