la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

30.5.04

Barcelona. Vinicius. Domingo. Primavera.

Barcelona.
Suena “acuarela” del gran Vinicius de Moraes.
Domingo.
El brasileño era un gran poeta, sin duda alguna.
Primavera.
Entra un gran rayo de luz por la ventana.
En ocasiones, cuando se logra una mañana tranquila, luminosa, como esta, me da por tener una pequeña esperanza, pequeñita, sin exagerar.
Esto decía el joven Vinicius en 1944, en Río:

En verdad es infinita esta casa pequeña
Que me amortaja el sueño y abriga desventuras
Y una mujer la hizo simple, pura y amena


¡Y que aún haya quien se atreva a decir que la poesía no sirve para nada!

29.5.04

¿EEUU tortura o son sus ciudadanos?

La culpa es del verdugo.
Zapatero, nuestro guasón de buen talante, inventó esta extraña justificación.
He estado dándole vueltas. Y no, oigan, no lo pillo.
Resulta que no hay que condenar a EEUU sino a los militares que se pasaron de la raya con la tortura.
No es un tema de estado sino de "algunos" individuos.
Manzanas podridas.
Qué fantástico argumento.
Puede servir para justificar cualquier abuso de poder.
No fue el país sino algunos ciudadanos de éste.
Funcionarios pero ciudadanos, al fin y al cabo.
Vaya con el guasón, nos salió ingenioso.

28.5.04

El PP sigue dando guerra


El gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid prohibió un concierto de Fermín Muguruza el pasado sábado.
El concierto se había programado como celebración de la revuelta zapatista, que sigue firme en la selva lacandona diez años después.
El concierto se llevó a cabo pese a la prohibición. Claro que sí.
El colectivo de La Dinamo que organizó el concierto necesita todo el apoyo que se le pueda brindar.
Les amenazan con una multa de 5 a 50 millones. Vaya bemoles.
Si quieres, puedes adherirte a su manifiesto.

Carlo Giuliani


Hace casi tres años, la policía mató a un chaval en Génova.
Dijeron después que era un desequilibrado, que era un punk sin futuro al que no le importaba nada.
A mí ese retrato me hace pensar en el policía que le mató.
Carlo Giuliani murió al instante: un tiro le reventó la cabeza.
Recuerdo ver al pobre chico en el centro de un charco de sangre.
¡Recuerdo estar tan indignado!
Al borde de un ataque de vandalismo.
Su padre ha recorrido foros por todo el mundo reclamando justicia y reclamando de paso el sueño de su hijo: otro mundo.
En esos días, el gobierno de Berlusconi, emprendió una campaña de asedio de los medios alternativos que le llevó a arrasar una sede de Indymedia con activistas dentro, los cuales fueron tratados como mobiliario inservible.
La policía se entregó a su rutinario y burocrático ejercicio de la violencia.
En comisaría, hubo palizas, humillaciones, insultos y múltiples tratos vejatorios.
Ahora, probablemente, setenta y tres policías se sentarán en el banquillo.
Los denunciantes necesitan ayuda económica: el proceso promete ser lento y complicado.
Quien quiera ayudarles puede hacerlo ingresando un dinerito en:
CAI.número de cuenta:2086-0000-22-3301018351 indicando como concepto Génova.
Contactos a través de: mambru@unizar.es

27.5.04

¡¡No se trata de seguridad!!


Amnistía Internacional asegura que EEUU está llevando demasiado lejos su obsesión por la seguridad. Zigmunt Bauman, en una visita relámpago por Barcelona, asegura que la libertad y la seguridad son fuerzas que se contrarrestan y que renunciando a un poco de seguridad obtenemos ese poco de libertad. Y viceversa, claro, es una relación dialéctica.
Son valoraciones a considerar, aunque uno no tiene porque estar de acuerdo, por muy solemnes que suenen ambas voces.
El discurso de la seguridad y la tolerancia 0 es una patraña. Ni A.I. tiene porqué creerse la farsa de la seguridad ni Bauman tiene porqué pasarse el día pontificando sobre un pretexto ingenuo.
Ni Irak ni Afghanistan han sido actos por la seguridad.
Afganistán es un oleoducto y una puerta a oriente.
Irak flota sobre una balsa de petróleo ligero y tiene acceso al Mar Rojo.
Todo tiene que ver, como siempre, con la economía y con la intimidación que esta requiere pero no con la seguridad.
La seguridad es un pretexto.
Por favor, no hablemos en el lenguaje del imperio
Sobre antiterrorismo y seguridad, recomiendo el último artículo de Alberto Piris en La Insignia:
Los efectos perversos del antiterrorismo

26.5.04

La invención de Panamá

Reseña del libro “El país creado por Wall Street, la historia prohibida de Panamá y su canal” por Ovidio Díaz Espino (Ed. Destino, Barcelona 2004).


Existió una época en que el globo terráqueo parecía tan grande que incluso los dirigentes de los imperios occidentales arqueaban la ceja frente un mapamundi: ¡cuánta tierra por ocupar! ¡cuánta tierra baldía, sin producir! ¡cuánta tierra pagana!
Era una época de grandes planes.
En esa época no todos los países estaban asentados a la manera burguesa, con élite gobernante y constitución. Miles de regiones todavía podían ser cuarteadas y arrancadas como un espaldar de res en una carnicería. En esta época, si un líder del primer mundo pretendía un país en una zona indígena, no necesitaba un gran dispendio militar, tecnológico y de inteligencia, bastaba con que le secundasen un buen puñado de banqueros.
En esa época -tan cafre como la actual pero con menos retórica posmoderna-, de entre todos los planificadores de genocidios, imperios y política sumergida, comenzaba a destacar una joven nación, escogida por Dios directamente, a dedo, por sus valores morales inmutables, sólidos y tremendamente simples: mío, mío, mío. Propiedad y dinero. Nada más quiero, Lero, lero, Baldomero.
Sí, hablo los Estados Unidos de América, un revoltillo de puritanos, self-made men genocidas, Rockefellers y obreros anarquistas a lo Mateo Morral, de los que asesinaban presidentes.
Nadie se estaba con chiquitas.
Así que EEUU estaba arrasando el continente.
Liquidaban las últimas tribus de bisontes y los últimos rebaños de sioux.
McKinley acababa de tomar Cuba y pacificar Nicaragua.
Sus predecesores habían robado poco antes Texas, Nuevo México y California. A plomazo limpio.
Y, no nos olvidemos, se había comprado Louisiana y la Florida a otros ladrones colonialistas.
EEUU se hinchaba como un sapo en celo.
Pero lo que prácticamente nadie recuerda, y es el episodio con más sustancia y más actual por su carácter eminentemente financiero, es la invención de Panamá.
A este respecto escribe Ovidio Díaz Espino con fluidez y haciéndose entretenido, enganchando.
El autor no es más que un panameño curioso que, como cualquier otro, creció escuchando historias de grandes personajes patrios que guerrearon por la independencia de su país.
Díaz Espino, un consultor financiero ajeno al mundo editorial, emprendió en 1997 una minuciosa investigación excitado por las revelaciones de un viejo financiero. Su búsqueda le llevó hasta Cromwell (el lobbista más relevante de Wall Street) y Roosevelt, un presidente loco e hiperactivo que tomaba decisiones hiperventilado, golpeando su escritorio.
Plam plam, atajen esa huelga, cojones, disparen…
Plam, plam, no me importa lo que el congreso piense: ¡el canal pasará por Panamá!
Ya ven, un demente que pasó a la historia como un gran hombre enérgico y vital.
Con una revisión de documentos centenarios, Díaz Espino deshiló la madeja hasta descubrir que todo lo que había aprendido de pequeño era mentira. Sí, todo. Descubrió que sus próceres no eran mártires sino mercenarios. Descubrió que su país era inventado y que su patria no era más que el inmenso parámetro que rodeaba a una magna obra de ingeniería: el gran canal.
Y que todo se tramó en la habitación 1.162 del Waldorf Astoria.
Después de descubrirlo todo, Ovidio se sentó a escribir, no sé con que ánimos.
Me encantan las historias de desengaños.
Libro recomendado.