Contra el Orden y la Unidad: textos ajenos
Hoy callaré.
No aplaudan, miserables.
En fin, voy a competir con los rizomáticos, que son unos culturetas y me dan envidia.
Hoy hablan en sustitución y desde el papel impreso Lefort y López Petit:
1. Abre Santiago López Petit (pgs. 96 y 97 de Horror Vacui: La travesía de la Noche del Siglo. Ed. Siglo XXI). Habla sobre el extraordinario concepto de desocupar el orden, dentro de su actuar desde la unilateralidad:
La desocupación del orden en tanto que crítica no intenta convencer ni “elevar la conciencia de las masas” sino simplemente producir frases, enunciados, fragmentos de discurso que cobran fuerza material cuando se inscriben en una determinada coyuntura. La fuerza de dichas frases no deriva de que tomen cuerpo o de que las haga suyas algún sujeto histórico que no existe. La crítica que ellas comportan se realiza porque subvierten el espacio organizado según la lógica de la representación. Su presencia irrumpe estableciendo nuevas relaciones que socavan el fundamento de la representación. Un ejemplo. La escena fue divulgada por televisión. Un barco trajo desde Grecia la llama que debía estar encendida durante el transcurso de los Juegos Olímpicos del 92. En una solemne ceremonia la llama sagrada fue descendida y transportada mediante una pequeña barca hasta la playa de Ampuries para, desde ahí, mediante relevos, ser llevada hasta Barcelona. Pero se produjo un hecho inesperado que la transmisión televisiva consiguió rápidamente subsanar enfocando hacia otro lugar. En el escenario apareció una pancarta escrita en inglés en la que se pedía la libertad para Catalunya. Esta frase, aunque molestó a los organizadores, forma parte, en última instancia, del consenso político general. Si el enunciado introducido hubiese consistido en apagar la llama, robarla o sustituirla por una alcachofa, estaríamos más cerca de la desocupación del orden. Por supuesto, el aparato policial no lo hubiese permitido y, además, por si acaso, tenían “copias” de seguridad de la llama.
2. Paso el relevo, la llama robada, a Enrique Molina, que entrevista al discípulo de Sastre, Claude Lefort, en el último número (66) de la revista Archipiélago. Presten atención y apaguen ese asqueroso rectángulo de luz, que no se me concentran, leñe:
(Vienen hablando de totalitarismos, según el concepto de Hanna Arendt)
E. M: Pero ¿No cree que hubo efectivamente comunistas de buena fe que, a pesar de sucumbir a los encantos de una sociedad sin clases, no justificaban el terror?
C.L.: El juicio realizado sobre los comunistas de buena fe cuando sólo se quiere retener la radicalidad de su compromiso, su resolución de actuar conforme el ideal de una sociedad sin clases, fueran cuales fueran los obstáculos a los que se enfrentaban, desconoce los rasgos por los que se distinguieron: su amor a la disciplina de acción ya la de pensamiento; su amor a la autoridad (que culmina en el culto al dirigente supremo); su amor al orden, cuya organización les procura el criterio; su amor la uniformidad que satisfacen ante el espectáculo de la unanimidad. Por estos rasgos forman un tipo de hombre nuevo –esto antes de que comenzaran a forjar su mundo nuevo-, el de un hombre dotado de la capacidad de no dejarse afectar, ni por tanto sorprender por lo que ocurre. Cuando lo observamos, aquello que lo caracteriza no es otra cosa que sus ilusiones. Éstas no bastan para dar razón de una captura del individuo tal que es cogido entre el “nosotros” comunista; de una captura del pensamiento tal que el saber se deshace en el ejercicio del conocimiento y del juicio; de una captura de la sensibilidad tal que toda compasión se desvanece tan pronto las víctimas de la opresión, incluso de la tortura, no pertenecen al campo de los buenos.
Permítanme apuntar que en otras partes de esta misma entrevista se le escapan así por lo bajo, como sin querer, unas loas al Régimen Democrático de Mercado que restan a Lefort bastantes puntos en su opinión, aunque esta parte me ha parecido especialmente reveladora y he decidido trascribirla.
Hala, abran fuego, que les estoy viendo ahí reconcomidos por ese gusanillo de la réplica. Pero por favor: tengan en cuenta que mía es la selección de textos y no las ideas que estos encierran.






