Prensa Salvaje

Hay discursos que delatan. La Vanguardia, ayer, en su edición dominical, dejó claro que, como un ente con vida propia que sobrevive a todos sus directores, tiene una ideología propia que ha seguido y sigue a rajatabla desde el inicio de los tiempos. Tal vez por ello, Ascaso y Durruti, pistola en el cinto, tuvieron una pequeña entrevista con el director acerca de unas tendenciosas noticias sobre las huelgas de arrendatarios. De seguir con vida y salud, hoy hubiesen preparado un segundo asalto.
La portaba de ayer rezaba: “El asalto a El Prat no quedará impune”. Toma ya.
Cuando, escandalizado por semejante tendenciosidad, me adentré en el argumentario del reportaje que dedicaban a la “huelga salvaje”, vi que no se aportaba ni un solo dato que garantizase la condena. Fundamentalmente, porque no existe. La noticia hablaba de damnificados –es decir: gente que deberá retrasar las vacaciones- y esgrimía el Derecho a la Movilidad y al Descanso de los Trabajadores.
El primero de los derechos no existe, es una pura construcción ideológica, por lo que, consciente de semejante agujero lógico, el redactor de la noticia tuvo que saltar un palmo más lejos y adscribirse a la eterna demanda de la patronal catalana de redactar “de una vez por todas una ley de huelgas”. Jum jum.
Respecto al Derecho al Descanso, el estatuto de los trabajadores no hace más que regular un tope de tiempo dedicado al trabajo (atribuyendo imaginariamente el tiempo de no trabajo a descanso), y en ningúa caso regula a qué tiene derecho el trabajador cuando no trabaja. Faltaría más. Lo cierto es que, de intentar regularlo, sería como calzar un título de derechos fundamentales dentro de una ley de rango inferior a la constitución. Jurídicamente divertido, aunque carente de toda lógica.
En lo que sí se cebaba con gusto el periodicucho convergent es en ese alud de historias “humanas” y “personales”. Esta nueva forma de no informar, de esquivar el reporte de la totalidad y centrarse en lo episódico ("Fíjate qué mal lo pasaron MIL PERSONAS, UN DÍA" vs. "fíjate qué mal lo pasan MILLLONES, SIEMPRE"). Así, Mari Puri, una administrativa de Rubí, no había podido llegar a Punta Cana con su novio Beltrán, oficial de segunda. Mari Puri estaba “muy deprimida, hecha polvo y con muy pocas ganas de vivir” porque le habían perdido el neceser y porque llevaba más de doce horas estirada en el suelo de la Terminal B.
El armazón retórico que venía después, como pueden imaginar, se articulaba entorno al trato de “rehenes” que se hace de los “ciudadanos” en estas nuevas huelgas "desproporcionadas" .
Más adelante, se hablaba directamente de “chantaje”.
Es curioso como los órganos de opinión del Capital hablan de chantaje cuando se giran las tornas y la más mínima coerción se ejerce en su contra. De este modo, uno puede vivir bajo una latente, perpetua y estructural amenaza de despido y desahucio por impago del crédito hipotecario pero no puede reaccionar abandonando el Puesto de Trabajo.
¿Y acaso no resulta cruel y paradójico que el abandono persiga precisamente seguir con la sumisión asalariada e hipotecaria?
Pero lo más asqueroso, deberíamos pensar en conjunto, es esta capacidad de Estado y Capital de esquivar sus responsabilidades enfrentando a colectivos de personitas de aquí abajo. Vacacionadores contra huelguistas.
Ciudadanos contra funcionarios.
Consumidores contra cajeros.
Todos con el enemigo tan errado que, si se afina el oído, se pueden escuchar las risas en las alturas. Tampoco estaría mal dejar de premiar el individualismo radical con “opiniones” personales ciudadanistas y recuperar aquel concepto colectivo denominado solidaridad, que, en lugar de centrar la mirada en las consecuencias de la injusticia, centraba la vista en la injusticia misma.
En este orden de cosas, aunque al margen de lo argumentado en este post, hay como para darle unas vueltas a la desesperada urgencia de la fuga ciudadana, que colapsa carreteras, estaciones y aeropuertos para huir de su “feliz” vida con tanta rabia y determinación que cualquier obstáculo se convierte en un mal de primer orden, como esta huelga salvaje que, en contra de lo que se cree, incluso en el propio contexto que el capital ha definido para sus negocios (constituciones, leyes y principios fundamentales), no ha vulnerado derecho alguno.
