la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

31.8.05

El escándalo de la gasolina

Breve análisis morfosintáctico

En el reguetón de la Gasolina, cuando la voz masculina dice eso de “A ella le gusta la gasolina” y ella contesta con asueto “dame más gasolina”, cabe establecer, apresuradamente aunque sin el menor riesgo de equivocación, que la voz masculina se está refiriendo alegóricamente al esperma que derrama en algún acto sexual que presuntamente mantiene con la hembra suplicante que a continuación contesta. Por otra parte, el hecho de que se repitan estas mismas frases hasta 48 veces no puede sino indicarnos que a ella realmente le gusta la gasolina, es decir, el jugo fertilizador resultante de la cópula, la felación, o incluso de un trabajo efectivo de estimulación manual del pene. Esta reiteración despeja toda duda que pueda quedar sobre la magnífica propensión sexual de la solícita hembra que demanda con inusual insistencia “más gasolina”. Igualmente negador de la condición de doncella de la fémina suplicante resulta el hecho de que ella pida “más” gasolina y no “algo” de gasolina, o simplemente “gasolina”, a secas. En menor grado, también arroja algo de luz sobre este extremo el hecho de que el autor de esta popular tonada haya decidido que la voz masculina se refiera más adelante a “ella” como “bitch”, que no es otra cosa que zorra en idioma inglés.
Sin embargo, a pesar de la claridad e inocencia de estas afirmaciones, algo acerca de este popular tema me tiene desconcertado y, porqué no reconocerlo, un tanto irritado: a partir del segundo bloque de repeticiones me parece escuchar más de una voz femenina reclamando “más gasolina”, lo cual viene a constituir una clara evidencia de que la voz masculina que nos repite porfiadamente que “A ella le gusta la gasolina” está llamando en realidad a un “ella” genérico que aludiría a una mujer cualquiera, sea la que sea, o peor aún, a varias a la vez. Es ahí donde no podemos transigir. Hasta este punto podíamos considerar que el hombre era fiel a la voz suplicante femenina, su enamorada, y que sólo daba su “gasolina” a su cónyuge o novia formal, que era quien suplicaba con vehemencia dentro de unas relaciones de pareja inusualmente sensuales aunque completamente legítimas. Y aún hay más: debemos considerar esta pluralidad de voces demandantes de jugo fertilizador como una afirmación positiva que enuncia no otro sino el siguiente mensaje “A todas las mujeres les gusta el semen”, lo cual constituye, se mire como se mire, una inmoralidad inaceptable, no tanto por la lubricidad de la aseveración –no cuestionaremos aquí la decencia de las costumbres sexuales practicadas en la región del Caribe- sino por la generalización totalizadora bajo la cual no cabrían opiniones divergentes del tipo “A mí, que soy mujer, no me gusta el semen”. En consecuencia, la canción se me antoja al fin, después de este concienzudo análisis, como una completa y vulgar cháchara machista. Y un tanto facha también. Porque hay mujeres a las que no les gusta el semen y ellas también tienen derecho a expresarse.
Permítanme apuntar, por último, que existen algunos incisos en spanglish que repiten cosas sobre el “flow”, sobre “el ritmo sabroso” y sobre “tu culo caliente” las cuales permanecen del todo ininteligibles para mí. Sencillamente, no sé a qué se refieren.
Pero ya las analizaremos en un capítulo ulterior...

De regreso: algunas No-ticias

Entretanto, mientras ustedes hacen ver como que trabajan y consultan esta paginita, ahí van noticias y comentarios (¿acaso ambas palabras ha dejado alguna vez de ser sinónimos?) extraídas de la simple observación de la Sociedad del Bienestar (o del Espectáculo, para aquellos que se hayan levantado con un runrún situacionista sobre el estómago).
Sin más, allá voy:

Salvas de advertencia
Cuentan que la policía barcelonesa disparó sobre unos fugitivos que escapaban después de pintar impunemente -¡pintar, amigos míos! ¡ahí es nada!- uno o más vagones del metro, contenedores urbanos destinados a transportar trabajadores que quedaron estéticamente inutilizados. Fuentes de la policía afirmaron: “que la población local ataque a inmigrantes, es hasta cierto punto comprensible, que agredan a sus mujeres... aún, nosotros también lo hacemos… pero que se dediquen a pintar vagones de metro, eso sí no estamos dispuestos a permitirlo”. Sobre el extraño suceso de los disparos “al aire”, que terminaron alojados en una pared a sólo 1’8 m de altura, la policía también ha ofrecido su versión: “La munición hizo un extraño: estaría húmeda o haría mucho viento. Aún no podemos descartar nada”. Al margen, la Generalitat ha manifestado el anhelo de que todos los policías obtengan el graduado escolar y ha preparado cursos para que los doce mil policías del área metropolitana que aún no disponen de él puedan obtenerlo. La Consellera ha razonado comparativamente su decisión: “la Policía Nacional no puede seguir así: los Mossos son prácticamente universitarios”.

Incomprensible reacción juvenil
Me explican que las fiestas de Gràcia se tornaron un mar de sangre. La revuelta de los jóvenes de “estética okupa”, como gusta llamarlos el periodismo más rancio -es decir, todo el periodismo- se prolongó durante varias noches poniendo en jaque el despliegue de seguridad que nuestro inocente ayuntamiento tuvo a bien desplegar para preservar el Bien por la gracia de Dios. Es incomprensible que actos tan inapropiados hayan enturbiado la reputación de seriedad y decencia que siempre ha tenido la Vila de Gràcia. En cuanto uno resta el precio de la vivienda, el trabajo precario, el precio del alcohol, la invasión plástica del turismo, la violencia policial y una severa alienación generalizada, percibe claramente que apenas hay argumentos para actos tan graves como los protagonizados por los jóvenes de mi barrio. Ya lo dijo Aristóteles, sin que pueda anunciarse cambio alguno más de veinticinco siglos después: ¡Esta juventud ya no respeta nada!

Los últimos de Friedman
Ustedes que tanto que leen sobre merovingios, misterios sacros, catones y templarios, que se regocijan con arcanos del medioevo, jeroglíficos egipcios y entresijos nubios, ustedes que se interrogan sobre las órdenes mendicantes y guerreras que los libros cuentan que alguna vez fueron ¿han probado a descifrar una página cualesquiera de la sección de economía de un periódico también cualesquiera? Les aseguro que los caracoleos nomológicos y retóricos, los intríngulis ampulosos y las disposiciones de la Fe nunca alcanzaron semejante perfección. Dios quiera –o cualquier otra fuerza capaz de controlar el sino, no tengo ninguna predilección teológica- que en el futuro lleguen a publicarse novelas con títulos como los siguientes: “El Economista Hechicero”, “El Misterio de los Neoliberales de Yale”, “Asesinato en La Escuela de Chicago”, “Los últimos de Friedman”… Vista la fascinación ciudadana por Lo Desconocido (cuya máxima representación hoy día no puede ser otra que La Economía), les auguro un gran éxito editorial. Vayan pensándoselo. Igual hacen ricos a sus biznietos.

Pene de luz
Explica hoy el Boletín del Tripartit que por fin el edificio en forma de dildo ubicado en la Plaza de la Eterna Reforma, ilumina la noche barcelonesa con luces azulgranas. ¡Por fin! ¡Han sido noches sin dormir hasta que nos lo han concedido! ¡Luz azulgrana!
Voy a instalarme un politono para celebrarlo.
Tú también puedes marcando ##445##Pene#de#luz##45*9988.

30.8.05

Cuatro desmentidos sobre El Avión/ fenomenología de las líneas aéreas

Ayer regresé en avión de un largo viaje que consistió en tres vuelos sucesivos: dos nacionales y uno internacional. En orden N-I-N. El primer vuelo tuvo una hora y media de retraso, cosa que no me importó demasiado porque igualmente debía esperar hasta la noche para el vuelo siguiente: El Gran Vuelo Intercontinental. Chachaaan. Este tuvo casi cinco horas de retraso. Llegados a Madrid, tuve que sumar casi tres horas al retraso generalizado por la demora del vuelo de conexión hasta Ciudad Escaparate, y éstas últimas fueron en pista, ya dentro del avión, amedrentado por la burocracia aeroportuaria, arrugado y convertido en un chicharrón sudado dentro de un espacio tubular repleto de gente nerviosa por la desatención y el calor sofocante.
Lo único decente del día de ayer fue mi lectura: “Cantaclaro”, de Rómulo Gallegos, libro del cual extraeré en próximos posts algunas de sus maravillosas descripciones. Al margen, mientras tanto aproveché para sacar conclusiones y reafirmar mi odio generalizado hacia el afán de lucro, el motor del Progreso. A continuación, debido a mi incurable espíritu didáctico, expondré una breve serie de cuatro condiciones apriorísticas, que podríamos llamar “desmentidos” por cuanto tienen de contraopinión con respecto al consenso humano universal, más que nada para que sepan ustedes a qué atenerse si van a viajar en uno de esos cacharros voladores:

1) No importa cual sea la excusa que te den, el problema siempre es el dinero que desean ganar cuatro gusanos millonarios inversores en las malditas corporaciones, un inmoral animus lucrandi camuflado eufemísticamente como “optimización de recursos”. Este dichoso afán les hace sobreexplotar al escaso personal del que disponen -después de cuatro remodelaciones para superar las sucesivas crisis ficticias y autogeneradas (llámenlas “bursátiles” o, más certeramente, si lo desean, previas-a-reuniones-de-consejos-de-administración)-, les hace reaprovechar aviones y tenerlos veinte horas diarias en el aire, solapando conexiones de tal forma que hasta un lepidóptero en el tren de aterrizaje causa un retraso terminal que repercute sucesivamente en el resto de vuelos y se replica consecutiva y geométricamente con cada nueva "imprevisible" contingencia o negligencia .
En resumen y con la jerigonza propia de un resentido, que para cumplir los compromisos contraídos mediante esos contratos mercantiles llamados "billetes" que uno compra alegremente por la friolera de, pongamos, setecientos euros, todo debe funcionar de forma perfecta. Cada resorte del ensamblaje debe mantenerse en su sitio. La perfección, según entiendo, es la ausencia de anomalías, de errores, de alteraciones. Y ya se sabe, todos lo sabemos, la humanidad entera comprende después de N siglos de desastres cotidianos convertidos en normalidad, que la vida misma es una excepción, que la perfección no existe, que es una quimera o como mucho una tendencia masoquista. Así que el problema es de base, de planteamiento: las líneas aéreas no pueden prestar el servicio que ofrecen porque se amparan en una perfecta planificación integral imposible. Recursos mínimos/máxima logística. Y de nada sirve la milagrosa “competencia” si todos los competidores están infectados por el mismo falso raciocinio. Sólo ignorando la propia condición humana y simulando que controlan los elementos de la naturaleza, las aerolíneas actuales pueden formular una propuesta logística.
Y así les sale.
Y lo saben, los muy sinvergüenzas, aunque hagan como que no y sigan vendiendo a su aire.

2) No importa cuanto te hayan jodido con el embarque, las revisiones de equipaje, las preguntas “de seguridad” (nada personal: ¿qué es eso? ¿qué llevas ahí? ¿quién hizo la maleta? ¿pretendes asesinar a alguien? ¿con quién te acostaste ayer?), los retrasos, el trato abugraíbstico y las continuas faltas de respeto del personal de los aeropuertos, nunca explícitas, nunca manifiestas -y por tanto doblemente molestas-, siempre hay alguien a quien han requetejodido mil veces más que a ti y que te hace sentir, ¡ditasea!, que no deberías protestar, que aún has tenido suerte, que eres un cabrón afortunado. La mujer que se sentó a mi lado en el último vuelo, me contó sollozando que llevaban dos días intentando salir de La Habana y que habían dividido a su familia en dos grupos, uno de los cuales permanecía en la capital de Cuba a la espera de poder regresar a casa. Además, les habían retenido el equipaje en La Habana y habían tenido que pagar una suculenta mordida al aduanero para recuperarlo. Todo esto me lo explicaba la pobre muy afectada mientras se abanicaba con la carta de catering personalizado (así llaman los imbéciles de Air Europa al menú), sofocada y con una terrorífica cara de agotamiento físico y mental. Aunque para su desahogo, Doña Afligida, "Afli", entre nosotros, llevaba unas trencitas caribeñas (de esas que en el caribe sólo se dejan hacer los turistas) con las que bien seguro iba a ser la envidia de su oficina:
–Pues sí, Pili, me las hice en Varadero… Uy, un lujo…

3) No importa que hayas pedido asientos en la parte delantera -menos sensible a los virajes extremos con los que se entretiene el comandante y a la vibración del fuselaje que acompaña a toda trayectoria realizada a velocidad match 0,9-, que viajes acompañado de tus adorables familiares, los cuales se comportan como marmotas ambulantes, que disfrutes de una almohada inflable mágica en forma de U, que te hayas tragado un par de transiliums… siempre habrá algún tierno infante en la fila de atrás o junto a tí que: a) llorará con la estridencia propia de las bisagras de las puertas del infierno durante al menos seis de las ocho horas de vuelo, b) sacudirá el respaldo de tu asiento con la fuerza de un terremoto nipón hasta provocarte un brote sicótico de angustia fulminante y c) gritará cual cochino desangrándose que tiene hambre, frío y/o sueño en combinaciones aleatorias y asíncronas sin que coincidan necesariamente con su estricta percepción biológica, manifestaciones que deberán considerarse únicamente como expresiones muy sabias de aburrimiento, de hastío y hasta de alienación prematura. Síntomas previos a la incorporación al mercado laboral. Además, con toda seguridad, un/a azafato/a, intentará enmendar su desarreglo conductual y le procurará pinturas plásticas para colorear una lámina de publicidad corporativa que el niño, muy sabiamente, te entregará para que las colorees tú mientras él mira y su padre, angelito, insomne por los estragos de su criatura, duerme como un hipopótamo narcotizado después de haberse tragado tres bloodymaries a calaperro.

4) No importa la tranquilidad que te hayas prometido, siempre habrá algo por lo que el personal de a bordo decida interrumpir tu sueño o tu lectura, generalmente mercancías y falsos agasajos que se vienen confundiendo desde hace décadas con conceptos anticuadísimos y casi extintos en esta nuestra Sociedad del Bienestar como son la Comodidad y el Servicio (mayúsculas mayestáticas intencionadamente cínicas): auriculares, pañito caliente, pollo o pasta (aunque últimamente han decidido mezclar ambos con una extraña salsa de barbacoa/tex mex y dejarse de preguntas), caramelos, té, café, planillas de migración, venta a bordo, un refrigerio, otra vez caramelos, otra vez café y así hasta que se acaba el combustible y el avión se estrella en el océano, o hasta que el aparato explota por un fallo simultáneo en ambos motores o hasta que uno llega felizmente a destino jurando no subirse en otro pterodáctilo metálico durante los próximos veinte años, voto espiritual que se incumple al cabo de quince días, cuando se te vacía la cartera y cuatro cifras en el pasaje te recuerdan que ha llegado el día de regresar a tu mierda de vida occidental, esa infravida dedicada al trabajo y al consumo inmoderado de productos inútiles que allí donde estabas disfrutando tus vacaciones todos los esclavos del turismo anhelaban por simple desconocimiento.

Y ahora, estimados lectores, no me siento bienvenido de regreso: ¿porque acaso puede haber bienvenida sin bien al que venirse?

Lo más emotivo ha sido el regreso junto a mi gato ¡¡¡Tendrían que haber visto ustedes qué ronroneos intercambiamos!!! ¡Qué lametones nos dimos! ¡Cuánto entendimiento sin una sola palabra! Bendito sea mi felino.

23.8.05

¡Hihoerdiablo!

El sol aturde. Mi escritura, oxidada además por quince días de inactividad, nota los fectos.
En Margarita, tierra de mi hermosísima Aimara (y de la futura Julia), irradia un lorenzo inmisericorde. Las piedras piden clemencia y hasta las chicharras gritan auxilio.
Pero el sol, ahí arriba, no descansa. Menudo es él.
A mi lado andan unos muchachos disparándose en uno de esos terroríficos juegos en red. Se revientan la cabeza y saltan de alegría. Te dí, te dí. Y exclaman en susurros, bajito: ¡mutyayo, me matate! Cuando se les acaba la munición se pasan al cuchillo. Son temibles. Yo no pienso discutir con ellos cuando sean mayores. Les daré La Razón. Además la gente de este Valle tiende a ser, una vez crecida, bastante cachomula.
Por lo demás, al margen de unos pepetuos 35º a la sombra que me tienen martirizado, no hay demasiados cambios en lo que he podido observar. La situación política se ha tranquilizado y se diría que con la calma todo se ha burocratizado y el proceso revolucionario ha aminorado su marcha. Es un efecto instantaneo. El enemigo empequeñece y, simultáneamente, se multiplican los cargos públicos y los procesos administrativos. EL LIDER FUERTE pasa a segundo plano. Cada vez más, veo a los bolivarianos pendientes de las tasas de crecicimiento, como cualquier gobierno desarrollista europeo. Sólo se habla de petróleo e imperialismo. El bien, bajo tierra, y el enemigo, al norte. No es falso pero es demasiado simple. Escucho por ahí demasiadas consignas, que sólo son buenas para quienes no tienen la capacidad de pensar por sí mismos.
Por suerte, las misiones, lo que está a pie de calle, lo único que me interesa de este gobierno, parece no haber perdido fuerza. Los nuevos ambulatorios están repletos, hay odontólogos cubanos gratuitos y el mercal continúa suministrando proteínas a bajo precio. Los he visto trabajando. Si a todo ello añadimos el continuo fomento de las cooperativas y los microcréditos, no se puede suspender a este gobierno. Lo que tiene que ver con "aquí abajo", se hace con esmero. Como poco, se intenta, que ya es más de lo que se había hecho hasta que llegó Chávez. Hay gente que por fin existe.
Por lo demás, choca el enorme esfuerzo policíaco-militar desplegado en Margarita para neutralizar a los turistas. Existe bastante turismo etílico en la isla y el gobierno parece querer combatirlo con armas automáticas. Hay algo en la lógica militar que siempre se me escapará.
Una pistola, tal y como afirma Kilgore Trout, sólo sirve para hacer agujeros en los cuerpos de las personas, por más que haya quien quiera dotarlas de algún otro sentido.
Ácrata que es uno, se despide de ustedes atentamente. Hasta la semana que viene, supongo.

5.8.05

Un breve epílogo bolivariano

Antes de desengancharme eventualmente de la escritura compulsiva y a modo de despedida de temporada, permítanme una ristra de agradecimientos “personales” más típica de seres anglosajones que de perdedores mediterráneos como un servidor:

Paco Ignacio Taibo II, H.D. Thoreau, Agustín García Calvo, Chicho y Rafael Sánchez Ferlosio, Santiago Alba Rico, Kiko y Oriol Amat, Stanislav Lem, Kurt Vonnegut, Michael Parenti, Eduardo Galeano, Chistianne Rochefort, Guy Debord, Raoul Vaneigem, Giles Deleuze, Alejo Carpentier, Jesús Lizano, Darío Jaramillo, Chuck Palahniuk, Gunter Anders, Jim Thomson, Encyclopédie des Nuisances, Grupo Krisis, James Ellroy, Mario Benedetti, George Orwell, Aldous Huxley, Santiago López Petit, Jaime (Decadencia del Ingenio),Christian Ferrer, Grace y Galactus, Bertol Brecht, Javier Ortiz, Isabel Escudero, Ramón Germinal, Hakim Bey, Gilad Atzmon, Rómulo Gallegos, Gyorgy Lukacs, Miguel Otero Silva, Roberto Bolaño, Enrico Malatesta, Osvaldo Bayer, Subcomandante Marcos, Luis Sepúlveda, Noam Chomsky, Arundhati Roy, Pedro García Olivo, Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Rodolfo Walsh, Richard Brautigan, Banksy, Boris Vian, Roahl Dahl, Sempé, Quino, El Roto, Miguel Brieva, Terry Eagleton, Walter Benjamin, Pierre Bordieu, John Berger, Slavoj Zizek y Karl Marx… Mil gracias, señores, son ustedes una inspiración.

Y mediante este inútil "mensaje-ristra-de-gracias" les informo, estimados amantes de los tubérculos fustigadores del "progreso" y toda "fe", que por aquí vamos a escribir un poco menos a partir de hoy mismo y durante las próximas tres semanas. Aunque no crean: la indignación es el estado en el que caemos inmediatamente después del desayuno, y por ello seguiremos indignándonos igual que siempre, más de lo que deberíamos, a diario, a cada rato, constantemente, pero por otros lares. Bolivarianos lares, para darles a ustedes más pistas.

He apartado “Barbazul” de Vonnegut, “Amorosos Fantasmas” de Taibo II, el "Manifiesto contra el Progreso" de António López Tobajas, y "Ciberíada" de Stanislav Lem.
Tal vez ponga en la maleta algo de Sánchez Ferlosio, que por ahí me restan todavía algunos ensayos por leer. Pienso fulminármelo todo en las próximas tres semanas. Entre borracheras. Con la completa felicidad del hombre que no trabaja, del hombre que contempla: la única felicidad cierta. El resto son falsificaciones. Nunca más volverán a engañarme al respecto.

Ahhh... Simón Díaz, unas polarcitas, unas paginitas de Taibo II... mmmm... Cervezas y libros.
Si es por mí, que detengan ahora mismo la producción de cualquier otro bien.
No necesito nada más.
Apadeu.

Pásenlo bien y dróguense lo justo, que tampoco está bien ir todo el día con los ojos a media asta, que luego tienen que razonar y todo lo que les sale es: psss... yo passo...

4.8.05

Más (de la misma) tortura

Ya comenté aquí lo mucho que me afectaron los testimonios de los torturados por la policía que pude escuchar en las Jornades Contra la Tortura celebradas en La Plaça de la Revolució hace cosa de un mes.
Se sabe que hay tortura y siempre indigna de oídas pero hasta que no se escucha a alguien explicándola, detallándola, simplemente la hay, por ahí lejos.
La realidad es muy otra.
La realidad es que cualquier día cae uno cualquiera, uno de nosotros: una manifestación, un malentendido, una trifulca en unas fiestas, una acusación falsa, una confusión…
La realidad es que la tortura está siempre a punto de aparecer, porque hay unos esquemas mentales consensuados en quien tortura, se halle donde se halle; hay una connivencia de fiscales y tribunales, hay un consenso social que repite constantemente “nada de eso está sucediendo”.
La sociedad entera, esta sociedad avestruz, se autoconvence de que no existe y se autoexculpa en consecuencia.
La cosa es que ese día, en Gràcia, por las circunstancias que describían los testimonios, la coincidencia en las narraciones, el carácter chulesco prototípico de la policía (que invariablemente confunden “autoridad” con “chulería”) y mi experiencia en juzgados de instrucción supe que quienes hablaban narraban hechos ciertos.
Recientemente, la policía golpeó a un hombre hasta matarlo en Roquetes de Mar. El Ministro de Justicia, que viene a ser una entelequia tal como el Sheriff del Estado, declarará en el congreso en breve para contestar a las insinuaciones surgidas en la prensa y un poco más abajo, aquí en la calle.
Dirá -déjenme ser profeta, que soy muy bueno en esto de anticipar la mierda-, que "El Mal debe ser combatido desde La Ley"... Y "que la policía no puede ir contra la Ley, que su obligación es hacer que se cumpla".
Ese es el mensaje, no sé para qué coño lo repiten si todo el mundo lo tiene ya interiorizado.
Por supuesto, cualquier declaración que haga redundará en lo que ha sido mil veces dicho, en mil casos similares: que los hechos fueron “excepcionales”.
-Nadie se esperaba que golpeando a un hombre con una porra eléctrica y pateándolo después en el suelo pudiese darle una parada cardiorrespiratoria. El tipo vendría ya tarado, por Dios, con enfermedades y debilidades varias… ¿Quién sabe?
Lo cierto -y salgamos ya de este incómodo sarcasmo-, es que se tortura bastante, cada vez que desde arriba se dan directrices para que así sea, como en el caso de las manifestaciones contra la cumbre del G-8 en Barcelona en el 2002.
Lo que sucede, lo que varía en este caso que ha creado cierta alarma social (que siempre es una alarma hipócrita o ignorante, no lo olviden), es que un muerto expresa mucho más que un vivo, un muerto atestigua mucho más que un “simple” torturado. Al torturado siempre se le puede falsear el informe forense, siempre se le puede colocar bajo amenazas policiales, siempre se puede confrontar su versión con la versión de la policía, más creíble por cuanto más "autoridad". Un muerto bajo custodia policial, en cambio, es una declaración constante que afirma: me habéis matado. Y no se le puede llevar la contraria ni amilanarlo.
Claro que si los hechos hubiesen sucedido en Guipúzcoa, el hombre, después del infarto, ya muerto, hubiese saltado desde un tercer piso de la comisaría. Pero ese, aún siendo el mismo, es otro cantar... ahí interviene el "terrorismo".
Nada más: a ver que larga el ministro… aunque no esperen demasiado porque el caso es que, diga lo que diga, en el fondo estará refrendando el orden que representa, un orden de dominación, de compulsión y de amenaza perpetua, un régimen mafioso legalizado.
El Estado, ni más ni menos.

1.8.05

Un credo negativo...

...para lo que pueda servir

No creo a quienes, sin ser unos fieros detractores del régimen del Dinero, sostienen con firmeza que son realistas, que “no creen en cuentos de hadas”. Ellos creen, tienen una fe forzosa en el mercado, en el valor de cambio, en las mercancías, en el trabajo. Róbenles uno de esos pilares y verán como un hada lo repone de inmediato.

No creo a quienes me dicen aquello de “está todo previsto”. Huyo rápido de su lado pues lo imprevisto está al caer. Todo puede estar planificado, pero jamás previsto. El futuro llega por donde quiere. El futuro es desconocido, de hecho no se sabe ni si existe, porque siempre es presente. Todo lo que se vive se vive en presente. Otra cosa muy diferente es que intuyamos la mierda por anticipado. Pero eso sucede observando el ahora. Y resulta evidente.

No creo en aquellos que saben “lo que quieres”. Son sólo comerciantes. “Porque tú lo vales”, “porque te lo mereces”, “date el gusto de”… Eslóganes con la misma estructura que “tonto el que lo lea”. Y maleducados: si no hay confianza, que empleen el usted. Nadie sabe lo que quieres si no te lo han preguntado antes. Ellos, por lo tanto, no lo saben. Yo, por ejemplo, no quiero trabajar. No quiero comprarme un automóvil. No quiero un tratamiento facial, me gustan mis espinillas. Pero las estadísticas les dicen que sí. Y luego los anuncios –ellos, la producción inútil, el Dinero- me lo ofrecen. “Compre un auto nuevo”, “Trabaje de “técnico en prevención de riesgos laborales”… ay ay ay.

No creo a los que emplean la entradilla de “mira, yo soy muy de izquierdas, pero…”. Huyan, rápido: se encuentran ustedes ante la justificación retórica más antigua del mundo. Yo no soy racista, pero a mí los gitanos…

No creo a quienes se emperran en definir paquetes ideológicos. Desde que vi a Gustavo Bueno retando a sus interlocutores a la definición (“¡defínase, defínase!”, gritaba el loco a A. Marina), ésta me parece como mearse encima. Primero calienta, pero luego escuece. Si alguien lograse meterme en una de sus categorías, saldría corriendo. No hace falta definir la línea del horizonte para que todos sepamos lo que es. No hace falta ser “horizontalista” ni “paisajista” ni poseer unos carísimos binoculares.

No creo que sea bueno tener ambiciones. Si acaso desear algo, un rato, o a alguien, siempre. Pero la ambición ¡acabáramos!... de la justificación de las ambiciones surgen todos los males del mundo. Es la cultura puritana y anglosajona que se abre paso a través del marketing y la autoayuda quien clama a voz en grito que sí, que se puede, que ser bueno y ambicioso es compatible, que ambicionar es una forma completa de existir. Confunden el espíritu de sacrificio con el ganar más para adquirir más posesiones. Yo sólo tengo una bici, un gato y una pared forrada de ensayos políticos. No. Al revés, es mi gato quien me posee. Y los ensayos ídem, que a veces me parece estar hablando por ellos.

Y hasta aquí por hoy... aunque hay otras miles de cosas en las que no creo.

Tienen ante ustedes a un raro espécimen de individuo poscapitalista: el incrédulo.