Unidad de Destrucción Móvil
1. Cada vez se ven más y más camiones de destrucción de papel en Ciudad Escaparate. Se hacen llamar “Unidades de Destrucción Móvil”. Se acercan a una empresa y, rápido rápido, trituran todos los planes de acumulación, las recomendaciones de los auditores, las estrategias de optimización de beneficios y todas la demás hijoputeces que, una vez perpetradas sobre su pertinente soporte documental, deben desaparecer de todos los archivos físicos (y síquicos, a poder ser). Por el bien del negocio. Es una buena nota acerca de la moralidad del funcionamiento de nuestra organización social. La confidencialidad como explicación de la opacidad. Y la transparencia, criterio empresarial tan en boga para salvar la pantalla propia del funcionamiento corporativo, ya vemos donde queda. Allá donde uno se aplicaría pomada antihemorroidal. Transparencia, sí. “Transparencia” para todo lo que no ha sido destruido ya. Me recuerda a ese protocolo que -inocente criatura- tanto glosa Noam Chomsky: la desclasificación de documentos oficiales… Treinta años después, destruidas las órdenes de ejecución y tachados los nombres propios de la barbarie estadounidense, transparencia señores, transparencia.
We must prevail. Destrucción a domicilio.
2. Ya saben ustedes que, debidamente estimulada, nuestra capacidad de indignación es infinita. A mí en concreto, hay pocas cosas que me sulfuren más que la sección de política de cualquier gran librería. Sólo con los títulos tengo suficiente combustible como para arder durante horas. ¡Qué ingente acumulación de basura analítica! Doctos estudios indagan sobre si “¿Existen guerras justas?” o, agárrense, sobre si “¿Es el capitalismo inmoral?”... Intrigantes análisis que se resuelven en medio minuto: “no” y “sí”, respectivamente. Por otro lado, intelectuales a sueldo de la CIA nos previenen del peligro islámico y pontifican sobre la necesidad de “una Europa fuerte”, “de una América fuerte” o de lo que sea siempre que sea “fuerte”. Oración Fuerte al Espíritu Santo, entonces. Una somalí, que se inventó una ablación y varias violaciones para victimizarse y alzarse en voz antiislamista, y que curiosamente trabaja para el American Enterprise Institute (think tank equivalente a la Faes española), nos advierte de la poca libertad que hay en algunos paisitos del tercer mundo. Reclama colonialismo. Temporalmente, asegura, es conveniente. Claro, y como muestra atiendan al increíble estado de los derechos y libertades en los países que han sido colonizados… El día que vean a la antorcha humana saliendo de la Casa del Llibre no se asusten. Salúdenme.
3. Hereu declaró ayer: “Se acabó la tolerancia; conmigo de alcalde, Barcelona ya no es jauja”. Interesante progresismo. Recuerda al Steven Seagal de "Por encima de la ley". Pero no descontextualicemos. El alcalde se refería al “fenómeno okupa”. Y salía al paso de otras sandeces pronunciadas por otros personajes de la vida política barcelonesa. Mayol, la “antisistema” (esposa del jefe de la policía autonómica). Y Portabella, que cada día se parece más a Juanjo Puigcorbé. Mayol propuso, en declaraciones a prensa, despenalizar el fenómeno (otra cosa es lo que la Sra. Mayol hace en disciplina de partido y en consonancia con la verticalidad partitocrática: nada de nada). Portabella, coherente con su perfecto look de burgesot català, propuso que pagasen alquiler. Que ocupen si quieren, pero que nos paguen. Jajajá. Hay toda una ideología ahí debajo. El caso es que Hereu, veladamente, anuncia más represión. También apeló como única respuesta al fenómeno de la okupación por una aplicación "estricta, exigente y eficaz de la ley". Hum hum... Y reclamó una "mayor coordinación entre la policía, los jueces y los propietarios". Lo dicho, interesante progresismo.
Policía, jueces y propietarios... La simple enumeración me aterra.
Malos tiempos para la derecha tradicional: la izquierda le sustituye en su papel de agitador de "pánicos morales" (la okupación, el botellón, la inmigración descontrolada, el populismo...) y el fascismo explícito queda descartado en favor de formas más laxas, ligeras y efectivas de dominio, tales como el civismo y el ciudadanismo.

