¡La juventud china trabaja feliz!
I
Hay un principio que debería ser de aplicación común a todo juicio moral: el principio de universalidad. Esto es, si después de un juicio moral, la acción de un determinado sujeto me resulta inaceptable, la misma deberá ser rechazada cualquiera que sea el sujeto que la lleve a cabo. Y viceversa: lo bueno lo es para todo el mundo.
De ello se extrae que lo réprobo está en la obra y no en el autor.
Y también, que no se encierra a un ladrón sino a la persona que ha cometido un robo.
Esto es básico para ejercer la crítica, cualquier crítica.
Permite criticar a cualquiera según sus actos y no según su condición.
En geopolítica el principio de universalidad es el menos aplicado de los principios.
El caso más redundante, más comentado y más escandaloso es Cuba:
¿porqué con Cuba se reprocha cada pequeño detalle que se pasa por alto en China, en Birmania, o en Malasia?
Cuba es un régimen comunista totalitario -bien, yo discrepo de la aplicación de este concepto en contraposición a la democracia burguesa, que no es más que puro espectáculo totalitario-, pero pongamos que lo acepto para esta simulación retórica.
Aceptado, y entonces ¿China qué es?
No lo oigo en los telediarios, no lo leo en la prensa.
¿Nadie me contesta?
...
Parece que no.
Pues ya lo digo yo: es exactamente lo mismo.
Sin embargo, lo que con China se califica de “apertura progresiva” con Cuba es “una concesión” de Castro.
Lo uno, caribeño, bananero, es un régimen personalizado, reino de taifa de un sátrapa y lo otro, oriental, exótico, una “potencia emergente”, una responsabilidad colectiva, difusa, sin villano.
Nótese la diferencia: lenguaje de guerra fría para el primero y lenguaje protocapitalista para el segundo, con juicios morales adosados.
II
Todos gritan que Cuba mata.
Sí, tras celebrar juicios y con una crisis migratoria de fondo –es decir, “por las razones que sea”-, pero mata.
Y esto indigna a todo el consenso occidental.
Ou la la, Monsieur, c’est ne pas possible.
Normal, sobretodo cuando ignoramos lo que matamos nosotros.
Hablaba de universalidad, ya, así que ¿Y China? ¿mata China?
Sí, sin crisis de fondo y no de forma ocasional sino de forma sistemática, y a más de mil ciudadanos al año.
Mondieu!
Claro que hay otras fórmulas de eliminar residuos humanos: crear un para-estado y liquidar a ochenta sindicalistas al año, como hace el demócrata Uribe, en Colombia, aunque Colombia tampoco nos parece mal, es “democrática”; y el método estadounidense de matar por “justicia”, como “prevención”, una prevención eterna muy parecida a la venganza. Hay que ver qué civilizado es eso de colocar una esponja en el cráneo de un convicto y convertirlo en un circuito eléctrico hasta que los intestinos empiezan a chamuscarse y se eleva un humo de carne quemada. ¡¡¡U-S-A!!!¡¡¡U-S-A!!!
Aunque la fórmula de exterminio favorita por todo el mundo es la europea: dejar que la economía haga su trabajo.
Ya morirá quien tenga que morir.
Y sin balas.
III
Hablemos de condiciones laborales:
¿Cómo trabajan los trabajadores cubanos, en qué condiciones?
Yo no conozco en Cuba casos de niñas de catorce años obligadas a abortar para poder aguantar dieciocho horas en una cadena de montaje de juguetes, con un candado en la puerta.
¿Y ustedes?
Sé que no existen allí zonas sin ley, sin impuestos, para instalar maquilas.
Como en Filipinas, Haití, México, Vietnam, Camboya, Marruecos...
Pero a mí lo que me jode hoy, por uno de estos ataques de indignación tan occidentales y tan selectivos, es China...
¿Porqué diantres tanta comprensión, tanta permisividad con un mega estado, potencia nuclear, de 1100 millones de habitantes y, simultáneamente, un cedillo tan fino con Cuba?
"La economía”, me chivan por ahí.
Sí, ya lo sé, gracias.
A veces uno termina concluyendo lo que no era sino una premisa inicial.
IV
China es un estado nauseabundo, con un comunismo retórico que únicamente significa control estatal y burocrático, y que no tiene fondo ideológico.
Sólo planificación, pura planificación.
China no respeta a sus trabajadores, nunca lo ha hecho.
Primero les exigió el esfuerzo “por la revolución” y ahora que se ha terminado “la revolución” lo exige sin pretexto alguno.
Ya se han rendido a la lógica de la acumulación, de la expansión económica. Ahora es la “competitividad” lo que parte la espalda de los chinos, una lástima que ignoren en qué clase de carrera están metidos.
El caso es que una vez por H y otra por B, a los chinos se parten la espalda trabajando por cuenta ajena.
A todo esto, ahora recuerdo el resorte que activó este artículo:
¿Adonde ha ido el President de la Generalitat cogidito de la mano con esa quijada andante llamada Mas?
A China, a buscar negocios para esta empresa que se llama Catalunya.
Botiguerland SL.
¿Qué sucedería si hubiesen hecho lo mismo pero viajando a Cuba?
No quieran ni saberlo: un escándalo.
¡Han ido a negociar con asesinos!
Cállate Federico, me aburres.
PD: Puede acometerse otra crítica, por supuesto, menos académica, que no sea tan medida, que no sea basada en criterios universales.
Pero esa crítica no es la que se agita desde los medios.
Sería una crítica sentimental, ideológica, fundada en preferencias éticas y estéticas.
Nada como los argumentos que esgrimen los moralistas intelectuales de occidente: libertad, derechos humanos, etc etc
La crítica visceral, que nace en el hígado, es mi crítica favorita, la que ejerzo siempre que puedo. Yo soy parcial, muy parcial, cada día más, y a mí los criterios morales con los que enjuiciamos a las naciones a las que agredimos me parecen subnormales, como un mafioso arengando a un minero, pero eso ya sería carne de otro artículo.