la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

22.12.06

La botiga més gran del mon

(relato navideño corto y en primera persona)

Entro en un autobús a la altura de un famoso centro comercial en la Avenida Diagonal de Ciudad Escaparate. No he comprado nada, lo juro. Sólo salgo del trabajo a una mala hora.
Ágil, cruzo de un salto el pasillo que discurre junto a las máquinas chequeadoras.
Los primeros seis asientos se hallan envueltos en dos inmersas pilas de bolsas y paquetes bajo los cuales, si se mira con detenimiento, se pueden encontrar algunas señoras en plena campaña navideña.
Idea para un negocio: sherpas urbanos para señoras pijas. Servicio integral. De la tienda a casa.
Un poquito más adelante, sorteo una gigantesca bolsa de tecatlón y dos fardos envueltos con imágenes del roedor gringo que parecen contener juguetes suficientes como para satisfacer a toda la población infantil de una ciudad de tamaño medio. Mataró, pongamos. Para completar el efecto anchoístico, todos los pasajeros parecen haber acordado en asamblea cargar en sus espaldas el mismo petate de la misma franquicia de gimnasios. Están coordinados. Tienen que estarlo.
Caigo sobre la primera plataforma, frente a las dos hileras de asientos que llevan hasta la puerta trasera. Un regalo alargado se abalanza sobre mí. ¡Swwwgt! Gracias al gorro de lana salvo mi oreja derecha, la que mejor oye.
Me volteo con una finta rápida: peor todavía. Una caja del tamaño de una montaña se interpone en mi camino. De hecho, avanza hacia mí con la esquina superior afilada y a la altura de mis ojos. Alguien ha decidido emplear una línea de autobús para transportar su nuevo somier-futón-descansador domótico Akälûnd. Hablo con el ciudadano-mueble empleando mi fina y persuasiva retórica:
-¡Eh, cuidao, coño!
No contesta. Sólo se aparta.
Ya en la plataforma trasera, junto a la puerta, dos regalos más me arrinconan y me fuerzan a bajar dos paradas antes de lo previsto. Y cuando salgo. ¡Plomba!… Un monitor plano -ftp, con efecto freshview y hg de alta densidad a 200 mz/s- empujado por su futuro usuario me golpea en el parietal derecho. Ahora sé que acabaré mis días con la frescura mental de un sparring drogadicto. Dolorido, me froto la cabeza a cámara rápida, a la manera de las antiguas pelis mudas. Supongo que no se refieren a esto cuando hablan de los perniciosos efectos de la sociedad de consumo.
Empiezo a maldecir: Faltan siete travesías para llegar a casa, maldita sea. La botiga més gran del mon, cagonlaputa. Y así, con esta alegría que me caracteriza...

Un par de consejos, amigos: uno, no salgan a comprar sin casco. Dos, hagan como dicen los de la OCU, compren con suficiente antelación. Por ejemplo: que van a cenar en nochebuena algo de marisco, pues asegúrense de haberlo comprado en noviembre, collons. Y miren en la nevera antes de bajar a por comida. No se vayan ahora a la pescadería a comprar langostinos por el precio de un monovolumen. No sean brutos.

Y feliz navidad, supongo.

21.12.06

En ocasiones

... más vale callar y dar entrada a otros, como por ejemplo:

Vicente Romano:

(...)
Hace unos años hubo una huelga de periódicos en Nueva York que duró 80 días. Durante ese tiempo apenas salieron periódicos y, por tanto, apenas hubo reclamos comerciales, anuncios publicitarios. Los comerciantes neoyorquinos se quejaron de que las ventas descendieron en varios miles de millones de dólares. Las mercancías que la gente no compró durante esos 80 días no las necesitaba.

No es ésta la única prueba de que con los reclamos publicitarios se puede incitar a las personas a comprar cosas que no se necesitan.

El gasto en publicidad crece el doble que el PIB. En total, unas cinco o seis supercompañías surgidas en la década de 1990 dominan un mercado de unos 350.000 millones anuales. Los gastos de la industria del reclamo se incluyen también como producción. En una economía en expansión aumentaría también esta forma de despilfarro.

Las mercancías más caras destinadas a un pequeño sector de consumidores ricos, un Rolls Royce o un gran yate, por ejemplo, no son rentables para la TV. La televisión dispone de audiencias masivas, por eso es rentable anunciar bienes de consumo masivo: jabón, detergentes, artículos de limpieza (compresas, desodorantes) cosmética, alimentación, medicamentos sin receta.
¿Por qué ha de incrementarse la producción si resulta difícil convencer a las personas de que necesitan determinadas mercancías? Apenas desaparecen los anuncios las compran menos. En la actualidad se producen demasiadas mercancías inútiles. Su única utilidad es el enriquecimiento de los fabricantes que las producen. En cambio no se producen suficientes mercancías útiles, como demuestra el hambre del mundo.


Aunque los fabricantes pueden producir más mercancías de las que pueden vender sin los gastos publicitarios, no por eso son más baratas. Cada año producen más mercancías, y cada año aumentan las ventas en cierto porcentaje. A pesar de todo suben los precios. Los economistas no se cansan de decir que cuanto más se produzca tanto más se abaratarán las cosas. Esto es cierto, pero las mercancías sólo son más baratas en la producción, no en la venta. Los trabajadores de las fábricas se dejan en ellas la salud para que luego suban los precios de las cosas que tienen que comprar. Cuanto mayor es su rendimiento tanto más caros se venden sus productos. Una de las principales ventajas de la "expansión" económica, a saber, la reducción de los costes, se la llevan los empresarios.

Miquel Amorós:

(...)
Dada la descomposición actual de la ideología quizás conviniese hablar de leninismos, pero lejos de perdernos en los matices que separan las distintas sectas intentaremos agrupar las características afines, que son las que mejor las definen, a saber, la negación rotunda de que en 1936 hubiera una revolución obrera, la afirmación igual de rotunda de la existencia de una clase obrera en constante avance y la creencia en el advenimiento del partido dirigente, guía de los trabajadores en la marcha hacia la revolución.

Lo primero les viene, bien de los análisis derrotistas y capituladores de la revista belga “Bilan”, bien de los dictados triunfalistas del Komintern y del PCE. Si en un caso era cuestión de una guerra imperialista, en el otro, se trataba de una guerra de la independencia; en ambos, el proletariado debía dejarse machacar.

En el universo leninista Lenin es la Virgen María; la clase obrera de la que hablan es como la cristiandad. Un chiíta del leninismo, es decir, un bordiguista, se lamentaba en la web: “¿Si nos quitan la clase obrera, qué nos queda?” En efecto, para los leninistas la clase obrera tiene una función ritual, terapéutica si se quiere, psicológica. Es un ente ideal, una abstracción, en nombre de la cual ha de tomarse el poder. No es que no exista, es que nunca ha existido. Inventada por Lenin a partir del modelo ruso de 1917, una clase obrera minoritaria en un país feudal de población eminentemente campesina asequible a una dirección exterior compuesta por intelectuales organizados como partido, no es precisamente algo que veamos todos los días. Pertenece a un pasado caduco. Es un ideal utópico, antihistórico.

Y, por último, siempre sembrado, Pedro García Olivo:

(...)
Desde el ecologismo radical casi nadie duda de que la Catástrofe “nos persigue por delante”. En “La última ilusión”, Jürgen Dahl ha defendido, de forma convincente, una tesis muy antipática a los ojos del Pensamiento Único: que para conjurar la quiebra ecológica global no existen expedientes, carecemos de los medios, dentro de los marcos del sistema liberal-capitalista, pues la causa del deterioro irreversible del medio ambiente radica en las formas de producción inherentes al mismo. Sólo una detención y un retroceso, una marcha atrás, en el proceso de desarrollo económico e industrial, con sus consecuencias ‘indeseables’ sobre el nivel de vida de las poblaciones occidentales -fin de la opulencia, pobreza sostenible- podría “mejorar” las expectativas. Pero no hay fuerza política con aspiraciones de gobierno dispuesta a convertir esa exigencia de un fin del bienestar en ‘programa electoral’, capaz de asumir esa condición de un nivel de vida austerísimo, anti-consumista, como eje de un proyecto viable de desaceleración de la ruina ecológica...

Más realista parece la tesis de que nada se hará en esa dirección, por lo que la máquina productiva del Capitalismo va a continuar devastando la Tierra hasta que la Catástrofe ponga las cosas en su sitio. “Hay que esperar a que se produzca la Catástrofe a fin de que ésta provoque algún cambio -y al hablar de Catástrofe se habla del gran estallido final que, muy probablemente, arrasará una parte del mundo resolviendo así unos cuantos problemas, que habían llegado a ser insolubles, con el simple expediente de la destrucción, y dejando un mundo diezmado en el que tal vez sea posible seguir viviendo” (Dahl).

Como ya saben, zascando sobre los textos se van directos a la fuente (como el cántaro).

19.12.06

Tres notas navideñas...

... llenas de odio y rencor

1. Esta mañana salía una vocecilla del aparato de radio así que, mientras practicaba mi higiene matutina, escuché al vicesecretario de asuntos de guerra estadounidense (no recuerdo su nombre ni su cargo exacto… ¿acaso tiene importancia?) decir que no se pueden retirar de Irak porque “una derrota hundiría el prestigio de Estados Unidos y sumiría el destino de la nación en unas décadas muy oscuras”. Primero me puse a recordar a Walker con su chupa de aviador sobre un portaviones aparcado frente a la costa de Qatar, a mil kilómetros de las explosiones, saludando a todos esos militares gilipollas tras la “victoria” que hoy resulta no ser cierta. Recordé también el Pavo de Atrezzo, tras cuya foto proclamó de nuevo la "victoria". Y dale...
Sin embargo, y aún si obviamos al pavoroso actor que rige los destinos de la sociedad más asustada y poderosa del globo, si quisiéramos tomarnos en serio las palabras del nuevo burócrata de la guerra sólo nos quedaría palmearle en la espalda y consolarle con un sincero “demasiado tarde”. Too late, boy.
Las “décadas muy oscuras” llevan tiempo instaladas allí.

2. He de reconocer que, al contrario que muchos comunistas e izquierdistas de Bien, yo ya no tengo ninguna esperanza puesta en los medios de comunicación, el Estado o una supuesta utilización bondadosa del Capital como la que llevarían a cabo Ellos (sólo ellos, que son la vanguardia del Partido). Por ello, antes que indignación, el resultado de la revista Time me ha hecho reír muchísimo: , internauta, campeón. Para aquellos que no hayan leído la noticia: Chávez salió elegido personaje del año (y a todo esto: yo no sé si “Personaje del Año” es bueno o malo) mediante unas votaciones internáuticas, así que Time, que siempre ha sido de un reaccionario que asusta, decidió tapar la noticia volcándose en la técnica de adulación marquetiniana por excelencia: la referencia anónima-directa. Porque tú lo vales, internauta, mocetón. Ven a Carreful, rufián. O como decía S. Ferlosio “Tonto el que lo lea”.
Se ha de reconocer que la estrategia es endemoniada: a la vez que censura sus resultados, hace una glosa del poder democrático de la Red.

3. Ciudad Escaparate, con la vista puesta en el asqueroso propósito de convertirse definitivamente en un parque temático o, según la jerga marquetiniana socialistoide al uso, “la botiga més gran del món”, recibió el año pasado en pleno colapso infraestructural (y de paciencia de sus más antiguos habitantes) a un 20% más de visitantes.
Más, por favor, siempre MÁS.
Se ha completado casi del todo el ciclo de profilaxis urbanística que requiere el Capital para circular libremente y a la buena de Dios: primero, al lograr que la ideología ciudadanista se pueda ejercer de forma armada. Tanto es así que hoy día hasta los progres más democráticos y moderados comulgan con el higienismo desenfrenado de la cachiporra y las reformas Haussmanianas siempre que se trate de combatir el "incivismo".
Nois, si vos plau: porteu-vos be.
O en su versión burocrática: “Este barrio de aquí: me lo quitan, por favor, que quiero un palacio de congresos hipermoderno”.
En segundo lugar, han cercado y criminalizado a las tribus feas y desagradables que pueden llegar a arruinarles el negocio. Esos malvados ocupas que según la Vanguardia “controlan 300 inmuebles de la ciudad”. Aún así, ni punto de comparación con La Inmobiliaria Colonial de La Caixa, que controla hasta nuestra respiración.
Finalmente, para echar sal sobre el territorio arrasado al más puro estilo romano, el consistorio de la ciudad (una puta S.L., seamos claros) pretende que se modifiquen las leyes penales y civiles que impiden desalojar propiedades privadas sin procedimiento de desahucio.
Lo cierto es que aunque este procedimiento se regula en el código civil vigente, un texto burgués que siempre ha beneficiado a los propietarios y que por ello ha sido respetado por repúblicas, monarquías, dictaduras y por todos los regímenes que en España han sido durante los últimos dos siglos, hoy es considerado obsoleto por demasiado lento; y comparativamente, si uno atiende la velocidad de las finanzas, claro que lo es. Es de otra época: aquella en que el Aparato de Dominación, todavía joven y con remordimientos, pretendía garantías para "ahogar sin matar". Esos complejos han desaparecido. Así que ellos, la SL que gobierna mi ciudad, pretenden incorporar al argot del fascismo posmoderno (junto a la “tolerancia cero” y el “civisme” de marras) una nueva figura llamada Desahucio Express.
Qué simpática medida. Hecha a la medida de esta prensa babosa y mansa.
Habrá que echar todo lo que tengamos en esta guerra. Nos va la Ciudad.

14.12.06

Luz e indefensión

1. Es realmente chistoso. Nos cuentan que la electricidad subirá en los próximos meses para adaptar su precio “a lo que cuesta producirla”. Y lo hará trimestralmente para que duela menos (táctica de porculización netamente empresarial: como despedir los viernes después de comer). En otras palabras, que hasta ahora Endesa me ha estado subvencionando la luz filantrópicamente. Carámbanos. Muchas gracias. O no, porque: ¿de donde salen esos cuantiosos beneficios anuales, siempre in-crescendo, que ponen la carne fría a todos los inversores? Vendrán ahora economistas a contarnos que los beneficios salen del cómputo de todos los negocios de las energéticas, sobretodo de Latinoamérica, ese lugar exótico gobernado por líderes populistas… en ese caso deberán revisar sus doctrinas sobre la “creación de riqueza” en el tercer mundo, porque al parecer los bolivianos y argentinos me están pagando la luz, y eso se parece bastante a un expolio del cual avergonzarse (y ya de paso: revísense también las doctrinas que asimilan “líder populista” a “cierre del grifo”). En cualquier caso: que las tarifas domésticas han sido hasta ahora un regalo del Capital. Esos ciento cincuenta euros bimensuales eran poco más que una donación. Carámbanos carámbanos. Menuda sorpresa. ¿Puedo entonces descontarme lo pagado a Endesa como Donación Humanitaria? Algún fiscalista que me asista. Aimara ¿tú que opinas?
Termino y resumo: que si no pincho la luz de una farola es porque me faltan huevos. Malditos farsantes.

2. “Asustados, Indefensos e Indignados”. Así titula hoy el libelo nacional-católico La Razón la noticia de la manifestación de apoyo al autoproclamado Sheriff de Sant Fruitós, que disparó “en defensa propia” contra un tipo que estaba sentado en un coche aparcado… al parecer, futurólogo además de pistolero, el hombre se olió que tarde o temprano su destino y el del kosovar se encontrarían y uno de los dos tendría que morir. Una visión crepuscular: sombra contra sombra, en un pueblo “demasiado pequeño” para los dos. Pongan música de Morricone y ya tienen la escena. Está claro que no hace falta ser pasma para saber que un coche cargado de herramientas de asalto y desvalijamiento aparcado frente a la mansión de unos millonarios es un signo de alerta. ¿Y qué dice el buen policía cuando ve una colilla? Aquí alguien ha fumado. Pues eso. Sin embargo, se hable lo que se hable, semejante signo de alerta no justifica un asesinato. Ni siquiera una aproximación violenta. Los Tous serán dueños de todas esas fruslerías cursis con el osito, tiendas en 5th avenue y el Boulevard des Capucines, pero hasta donde yo sé, incluso en esta época de justicia mercantilizada, matar gente así a la brava tiene muy mala salida. Es de las pocas cosas que pueden admirarse en nuestra tecnodemocracia progresada. En estos casos, los jueces aplican la ley con muy mala leche. Hacer inmensos agujeros bancarios es prácticamente gratis, pero los agujeros en cuerpos de otras personas raras veces bajan de diez años a la sombra. Finalmente, y regresando al eslogan que blandía La Razón para azuzar el pánico moral de La Inseguridad (ese en el que tan bien se desenvuelve la derecha), no parece que esos tres adjetivos sean aplicables sólo a esta noticia: ese es el estado natural de la mayoría y podría colocarse en cada pie de foto de cada reportaje en el que aparezcan personas occidentales. Mis propiedades, mi hipoteca, mi futuro, mis hijitos… todo en peligro siempre. Si juntamos este estado de paranoia a la sobrealimentación, supongo que encontraremos las dos raíces fundamentales del conformismo reinante.

12.12.06

Developing a new theory

Vi a Eduard Punset en pantalla y como siempre me surgieron las mismas dos meditaciones: primero, su mirada evocó en mi sórdida mente la imagen de un emú australiano; después, sospeché de nuevo que no será tan geniecillo el tipo si debe recurrir a esa estrafalaria estética einsteniana para parecerlo.

Por lo demás, reconozco que resulta entrañable.

Habla un divertidísimo inglés con acento de la Garrotxa, dialoga despacio y parece escuchar a su interlocutor, hecho absolutamente inaudito en televisión.
En aquél su último programa entrevistó a un señor de Berkeley, genio y experto como él, que se había especializado en cursos de doma de ejecutivos. Se ve que el hombre, sin látigo ni voces de mando, se dedica a azuzar a los rapaces cuadros directivos con palabras como “el beneficio no lo es todo” y “lo importante es mejorar la vida de las Personas”. Sic.

... y ahora permítanme una digresión: imaginen los cursos en cuestión; los directivos que no le hacen ni caso y miran por lo bajo las cifras de Bloomberg TV en sus pda’s con rictus extático, como absortos en la contemplación de una chimenea o un oráculo divino.
Y sobre sus cejas puede leerse: dineeeeroooo…
Fin de la digresión...

Punset, por supuesto, puso su mejor cara de estar entendiendo, como un emú encabronado.
Y para corroborarlo inquirió:
You are developing a new theory in which economy’s grownth ends up in world collapse…
He de confesar que a mí la escena me desalentó y me produjo un cierto miedo: dos supuestos científicos versados en asuntos sociales, ecológicos y técnicos, personas que han tenido acceso a las mejores universidades, a las bibliotecas mejor surtidas y a las librerías de las capitales de cualquier Estado, afortunados observadores que han podido contemplar diversos países, diversas formas de vida, y que sólo en su madurez caen en cuenta que el actual modo de organización social alentado por la occidentalización del planeta es depredador, inmoral e inviable.

Es aterrador, francamente. Como para enterrar todo humanismo.
Merecen que desde aquí abajo les abronquemos más o menos así:
¡¡¡Si van a utilizar así el saber, malditos expertos, dedíquense a recoger nabos, por el amor de dios!!!

You are developing a new theory in which economy’s grownth ends up in world collapse…
Jmm, jmm… Sr. Punset, esa teoría no ha sido desarrollada por un pensador de Berkeley.
Eso, consciente o inconscientemente, lo advierte todo el mundo con sólo mirar por la ventana.

11.12.06

Últimas y próximas lecturas

Estoy leyendo un libro muy interesante de Mío Poa titulado “La Guerra Civil nunca tuvo lugar” en donde se demuestra que tanto lo que se nos ha contado oralmente por parte de abuelos republicanos y anarquistas como lo narrado en extensos tomos de memorias y testimonios por parte de los exiliados capaces de recordar no es más que una exageración. Y además, mentira cochina. Por no hablar de todos los títulos revanchistas escritos por historiadores comunistas que inundan las librerías intentando hacer creer a la gente que alguien sufrió represión en alguna parte del país. En realidad, según cuenta Poa, a Franco –que en realidad fue un ser culto y sensible, y no la alimaña inmunda por la que lo hemos tenido siempre- se le concedió el poder en la Constitución del 35, llamada también “La Roberta” (se promulgó el día de San Roberto, de ahí la bromita), aprobada democráticamente en un referéndum y ocultada torticeramente por los Progres y el Priorato de Sión, y frente a la cual se alzó un grupo de nostálgicos del régimen republicano secundados por Stalin y por el Che Guevara, que como todo el mundo sabe, eran masones y estaban a favor del totalitarismo en todas sus expresiones, incluído el turismo de masas. Como el golpe se sofocó rápido, según Poa, en seguida se instauró una transición democrática, que ha durado unos setenta años. Hasta hoy, prácticamente. Y todo gracias al Rey, no se sabe muy bien porqué.
La segunda fase del terror comunista, después del breve alzamiento de los republicanos tras el dinámico régimen de Primo de Rivera, se produjo en 2003 cuando tras ordenar la explosión de unos trenes en Madrid, los camaradas Rubalcaba y Polanco pasaron a la clandestinidad y se incorporaron al aparato logístico de ETA desde el cual nos gobiernan en la actualidad sin que nadie sospeche nada.
La verdad es que si no fuese por algunas incongruencias como involucrar al Che en un asunto político español cuando este sólo contaba con seis años y medio y vivía allá por el Rio de la Plata, me hubiese parecido un libro impecable... Sobre si lo que cuenta es verdad o no ¿realmente importa? ¡Está todo tan bien hilvanado! ¡Los malos parecen tan malos en las fotos!
Ahora, voy a leerme un tochazo estupendo de Milton Friedman en donde el economista cuenta cómo, en un estado ideal de productores libres en igualdad de condiciones y sin oligopolios como el Chile de 1973, se puede duplicar el número de pobres en sólo veinte años y lograr, simultáneamente, un milagro económico admirado como modelo de prosperidad por todas las universidades del mundo. En mi estante, para días venideros, queda el libro de Sánchez Dragó sobre su última NDE (Near Death Experience), que viene con un dudoso catálogo de setas de principios activos insospechados y, para los días de navidad, el inmenso “Historia de las Ideas”, un engendro de 1700 páginas del catedrático canadiense Woodrow Delacroix, que ha trabajado durante treinta años en un catálogo de ideologías en donde se incluyen más de cinco mil ochocientas variantes del liberalismo económico y más de setecientas formas de leninismo (la más extraña: el consetudinarismo-hipotético de Hawls, una extraña afección que atacó a dos miembros del partido socialdemócrata Esloveno a principios de los 90 y que les impulsó a abolir toda forma de democracia horizontal existente en el partido). Un portento, Mr. Delacroix.

5.12.06

Parecía un hombre normal...

Dentro de lo esperpéntico de los sucesos espectaculares, hace gracia que siempre que se acerque un micrófono al vecino de un presunto terrorista, de un presunto maltratador o de un presunto homicida, se repitan invariablemente los siguientes tres argumentos:

1.- “Era un tipo normal… pero tenía algo… no se dejaba ver mucho, era bastante misterioso.”
Creo que esta afirmación retrata perfectamente al 80% de los tipos que habitan bloques de viviendas en una ciudad cualquiera. Seres encerrados en si mismos, con problemas de adicción y de depresión, con horarios extraños y biorritmos alterados. La mayoría, vaya. Lo que se demuestra generalmente con esta expresión es que el vecino no ha sabido atinar ninguna circunstancia sobre la que establecer una sospecha plausible y que, precisamente por ello, apela a una posible "turbiedad" en el semblante del inculpado. Se trata de la misma estrategia que emplean los padres para desaprobar a los novios de sus hijas cuando no encuentran nada a lo que agarrarse: “ese chico tiene algo raro…”. Y claro que lo tiene: arrastra su sombra bajo un prejuicio enorme.

2.- “No nos lo esperábamos… la verdad es que ha sido un shock enorme“ (pronúnciese soc).
En general, la vida en comunidad tiene eso: la gente se saluda, se odia, se admira, canta, se emborracha y se enamora… pero la aniquilación de ciudadanos es, hasta donde puedo atestiguar, un acto esporádico y desesperado. Convendré en esta ocasión con los entrevistados ocasionales, esos vecinos sorprendidos, que yo también me alertaría al enterarme que mi vecino ha troceado a su suegra y la ha guardado congelada en tuppers con etiquetas DiMo en las que se lee la pieza y la fecha de envasado. Es más, hasta puede que realizase algún juicio de valor como "hay que ver" o incluso "madredediós".

3.- “Hombre… sabíamos que tenían problemas pero yo no puedo decir que la maltratase antes”.
Este es el argumento que mejor consigue sulfurarme. Primero, porque si uno no está meridianamente seguro no puede especular, ni siquiera negativamente, sobre acontecimientos tan graves. Segundo, porque si a uno le preguntan por una persona y una circunstancia las cuales desconoce, responder negando una atrocidad ignota (sobre la que, si uno se detiene a escuchar, no le han preguntado) no es precisamente la mejor forma de preservar la presunción de inocencia.
Si yo opinase sobre un político “que yo sepa, no ha planificado ninguna forma de eugenesia” o si dijese de un cura “tranquilícense, hasta donde puedo contar, no viola a los monaguillos” estaría, de forma inmediata, levantando una sospecha sobre ellos. Imaginen el recurso aplicado a la vida cotidiana: “¿Que qué pienso de Alberto? Pues no sé que decirte: según me han contado, Alberto no hace sacrificios humanos a Okamboá”.
Y sobre ustedes: no tengo constancia que sean nazis.

En el caso de los vulgarmente conocidos como “terroristas”, protagonistas de las narraciones más espectaculares de todas, el argumentario de perplejidad se amplía a un par de expresiones más:

4. - “Parecían personas normales. Venían con la compra, salían pronto por la mañana… no sé”.
Ante esto, cabe realizar algunas aclaraciones: primero, que pese a su peso como institución constitutiva de la Realidad, comprar no es un signo de normalidad (es simplemente un hecho habitual); segundo, que los terroristas, a simple vista, son personas perfectamente normales por cuanto no poseen signos externos distintivos (al igual que uno no puede distinguir así a la brava, si acaso por el nudo de la corbata, a un inversor inmobiliario de un votante de Izquierda Unida). Lo segundo, es que los “terroristas”, por lo general, son mamíferos y engullen alimentos, por lo que uno puede verlos en distintas ciudades adquiriendo fruta, verdura e incluso pizzas congeladas. Que se sepa, no hay alimentos específicos para la gente mala ni bolsas de compra que delaten o indiquen intencionalidad. Y, en contra de la creencia común, los terroristas suelen pagar en los supermercados. De lo contrario, imaginen los titulares de El Mundo (“Josu Ternera no se arrepiente y roba en el Dia de Getaria” o “A. Otegui, miembro de ETA y acusado de hurto”). Frente a esta falsa sospecha compartida por la mayoría, debo desmentir rotundamente que quien realice un tipo penal calificado con la pena máxima se vea forzado en su vida cotidiana -como en una especie de condena metafísica- a realizar también todos los otros tipos penales por debajo. En otras palabras: que quien mata a diez no tiene porqué conducir temerariamente, provocar un pequeño incendio o malversar fondos en un ayuntamiento. De hecho, es todo lo contrario: seguro que hay quien colabora con interpón osfam y por otro lado asesina a un concejal de un machetazo. Que por otro lado, no me extraña.

5. - “Nos dijeron que eran representantes comerciales…”.
Aquí cabe aclarar, antes de seguir con las dilucidaciones y con el fin de preservar la paz social, que no todos los representantes comerciales son en realidad terroristas. Hay algunos que de verdad se dedican a ofrecer inutilidades de pueblo en pueblo y no tienen otro fin que el estrictamente mercantil. Cuesta de creer, lo sé, pero es así.
Por lo demás, no veo donde puede estar la sorpresa que deviene después noticia y titular: cómo va a decir un terrorista que ha llegado a una pequeña localidad del sur de Francia a aterrorizar a su población y sembrar el caos, cuando además es mentira. De otro modo y atendiendo a miedos más españoles, no llegan de un comando itinerante a Fuenlabrada proclamando la firme intención de quebrar el Estado de Derecho y violar la Constitución. Unas veces son representantes comerciales y otras Consultores en Gestión del Cambio (esta es una tapadera más astuta, puesto que nadie sabe a que se dedica un Consultor en Gestión del Cambio y además, nadie se atreve a preguntar en qué consiste su trabajo so pena de parecer socialmente obsoleto). En cualquier caso, sospechen de quien se les presenta directamente de la siguiente manera:
-Buenas, soy Koldo, su nuevo vecino, etarra de segunda generación y delegado territorial del aparato logístico.

4.12.06

tres nuevas notas...

... en un lunes gris y desangelado.

1. No puedo resistirme a comentarlo: me alegro, aunque con moderación, que haya vuelto a ganar Chávez. En este caso, no se debe tanto a la ya casi extinta simpatía que siento por el comandante sino al insuperable desprecio que me inspira el credo político de las clases medias y las élites venezolanas que le antagonizan, de quienes tuve que padecer en su día, con esa náusea inspirada por la cara de colegueo y el gesto “que quede entre nosotros”, propuestas de pogroms en los barrios y otros lineamientos cafres para terminar de una vez por todas con la pobreza (y con los pobres, ya de paso).
No hay urbanismo más opresivo que el de Caracas, no hay polvorín más evidente. Frente al posmodernismo europeo del fin de las ideologías y la sociedad de servicios, en Venezuela aplican todavía los análisis marxistas más estrictos y vetustos. Es una buena cura para los relativistas morales. Por ahí deberían circular los opinadores profesionales y los intelectuales liberales que producen “realidad” para las masas occidentales. La cuestión de la clase y más específicamente la guerra social, saltan al cuello de sus habitantes.
No obstante, la cosa es difícil de valorar: por un lado, el gobierno chavista se regodea en las mismas evaluaciones con las que el occidente progresado castiga a la inteligencia; esto es, que este año se han vendido 350.000 automóviles (y que ello refrenda que los bolsillos de la gente arden, que hay posibles); que se han creado tantosmil puestos de trabajo, como si trabajar fuese otra cosa aparte de una condena; que hay un crecimiento del PIB sin igual en Latinoamérica (¿¡y qué!? ¿Acaso no son estas magnitudes económicas las que denuncia la izquierda alterglobalizadora alineada con Chávez?). Igualmente, también resulta frustrante que se hayan atajado los movimientos barriales –aquellos que para existir requerían el único mérito estatal de “dejarlos crecer”- institucionalizándolos y minándolos con representantes del MVR (en una línea muy cubana, todo hay que decirlo). En fin, que cada vez que sale elegido Chávez me alegro por lo que se evitan los venezolanos –esas oligarquías cabronas, ladronas, cínicas y mentirosas-, pero que tampoco está el patio como para ponerse a dar brincos.

2. Se me inquirió ayer sobre si veía alguna solución política al régimen actual de Todo-por-el-Dinero y respondí que NO con una pequeña narración actual, un ejemplo: existe un asqueroso trazado de una nueva infraestructura que, según el modelo expansivo de reproducción económica inspirado por la prosperidad de la capital del estado (Madrid, con sus m30’s, 40’s y 50’s) intenta imponerse también en esta parte del noreste (y no por que políticos castellanos malvados quieran un único modelo sino porque la clase dirigente local comparte la misma Fe y la misma idiocia global). Se le llama quart cinturó y es únicamente una pretensión de la patronal del Vallés –una comarca industrialmente potentísima-, que no desea que sus mercaderías pierdan el tiempo rodeando el área metropolitana de Ciudad Escaparate. Cuando se han recortado todos los costes posibles: reducción de salarios, robotización de almacenes, optimización de procesos, despidos a mansalva… lo único que queda es exigir al Estado que simplifique algún eslabón del aparato productivo… Y el Estado, siempre al servicio del Dinero, se cuadra y grita ¡¡a la orden!!
Como es lógico, cualquier personita con una mínima preocupación ecológica (me refiero a que no hace falta el deseo zerzaniano del retorno a la vida de cazador-recolector) ve con preocupación que pueda segmentarse y embetunarse aún más la ya supersaturada área en la que se ha trazado dicho eje para el tránsito rodado.
Así pues, en las primeras manifestaciones en contra que tuvieron lugar ayer asistieron políticos de ERC y de Iniciativa per Catalunya. Mientras tanto, en el Parlament, los grupos políticos mencionados prestan su apoyo a todo proyecto de turbourbanización que venga burocráticamente autorizado: con estudio de impacto ambiental aprobado y la firma de “sostenible” rubricada sobre los contratos de obra.
Excurso: sostenible ¿para quién? Ese es un término que se debería
aclarar. No creo que los lirones y las ardillas consideren la tala de robles
como sostenible, ni los propios robles, ni quienes han crecido tan ricamente
contemplando su majestuosidad.

La moraleja es simple: hay que dejar de creer en la política institucional, la de los partidos y los sindicatos mayoritarios. Aunque poseen un cierto criterio en la base, estratégicamente cercano al del común –como la iglesia con sus parroquias: un embelesamiento, una distracción a pie de calle- el otro criterio, el que se aplica, se genera allá en la cúspide, en continua “sinergia” con el Sector Privado. Otrora llamado Capital. Como se ve, la misma organización desfila tras pancartas y gobierna en contra de ellas. Así se satisface por igual a los jóvenes reivindicativos y a los viejos avariciosos. Así queda todo tal y como está, tal y como lo encontramos al nacer y tal y como lo dejaremos al morir.

3. Para terminar: una cita. Lococuerdo, siempre diagonal arriba diagonal abajo, ha colgado en un semáforo de Numancia un poema erótico-culinario que creo conveniente divulgar para uso festivo de quien quiera practicar el agasajo amoroso:

... de segundo, tus solomillos...
... y de postre...
... tuuuuuuú...

1.12.06

Interior, telemarketing y dos propuestas...

... para la supervivencia de la industria automovilística

1. Slavoj Zizek, en su libro de entrevistas Arriesgar lo Imposible, confiesa avergonzado que, cuando le incluyeron en las listas de un partido progresista esloveno –no me hagan recordar cual-, sólo podía imaginarse a cargo del Ministerio de Interior, ya que, con su conocimiento profundo y desencantado de las posibilidades de acción dentro de la política actual, el contacto más real con el poder le conducía únicamente a las tripas del aparato de dominación. Estatista como es, Zizek confesó sentir un cierto pánico a esta forma de organización que se ha adoptado en todos los territorios del globo. En su jerga, se podría afirmar que se asomó a lo real-real y retrocedió espantado (¡cobarde!). Demasiado frío afuera, en la sociedad sin clases, sigamos aquí dentro, calentitos junto a Lenin. Algunos de sus amigos, bromeó Zizek, le pidieron que avisase con tiempo si realmente accedía a tal ministerio. Le espetaron, en broma pero en serio, que en cuanto él llegase a las tripas del monstruo ellos abandonarían el país. Sí, realmente, Zizek en interior sería implacable… Y todo esto, a cuenta del enfado de la Consellera Tura, que reclamó ayer para sí –esto es: para el PSC- incluso en contra de President Montill, la consellería de Interior. Policía, servicios secretos, porras, silbatos, informes de filiación. Cartas sobre la mesa. Poder en estado puro. Pobrecita consellera, le han rebajado la dosis y ahora debe conformarse con gestionar las cosas de la justicia. Le han cambiado la jeringa por un chino. Malditos power junkies. Sólo desean la estrellita de Sheriff.

2. El mundo del trabajo asalariado crea situaciones insufribles como esta que voy a detallar, seguro que les suena: inmigrantes (con un sueldo de mierda, importante factor) que llaman desde números ocultos a casa de la gente a horas intempestivas para recitar convincentes guiones circulares sobre las cualidades del nuevo crédito abierto del banco patapón u ofrecer megas y más megas de banda ancha como si uno desease línea directa con Echelon.
Ante esto, dos opciones que no son tales:
a) Uno replica indignado que le dejen en paz, que menudo asco de mundo mercantilizado en el que ni siquiera en tu cubículo domótico-aislante se logra algo de tranquilidad alejado de los negocios y de la venta eterna de inutilidades, y se le replica que “un poco de repeto… que yo esto lo hago para ganarme la vida”.
b) Uno contesta amablemente pero rápido para seguir a lo suyo y consigue que le incluyan en mil listas más para mil nuevas rondas de llamadas.
La solución: tal vez alguna estrategia a partir del absurdo.
-¿Sabe que Oño le ofrece lo mismo que timofónica por la mitad?
-No hable tan fuerte, el lunes cené con José Ramón y me dijo que tuviese cuidado: entre nosotros, creo ahora mismo nos están grabando.
-Estoooo ¿Y no le interesa ahorrarse dinero?
-No, verá, he decidido que a partir de hoy sólo comeré verduras y me lavaré las patitas con bicarbonato, que va muy bien para los callos. ¿A que no lo sabía?....
Tuuuuuuuuuut (línea de nuevo).
Sí, me lo imagino más o menos así.
Habrá que probar.

3. Si curiosea uno hacia el interior de los vehículos motorizados y observa a sus tripulantes, pueden determinarse, como mínimo, un par de pautas de conducta: primero, que hay una actitud generalizada de superioridad y de cabreo latente (ahí tienen ustedes para demostrarlo la propensión al claxon y la gesticulación afectada o “italiana”); segundo, que dentro es “casa” –como cuando en el patio se huía en el pillapilla y al contacto con un determinado poste, devenías invulnerable- y que tanto puede uno hablar por teléfono como leer el periódico, hacerse las uñas o incluso hurgarse las cavidades nasales a la voz de “va por ustedes”.
Queda claro que, en adelante, si la industria del automóvil quiere hacer frente a la reducción del consumo de vehículos motivada por la alienación social que causa la saturación ecocida derivada su excesivo éxito, deberá estimular a toda costa estas dos alucinaciones colectivas.
Volvamos a resumirlas para que queden claras: por un lado, la superioridad moral de la persona-conductor (filosóficamente: una nueva subjetividad) frente a las hordas de otros-que-también-conducen (y que, a diferencia de uno, no saben adonde van) y, por el otro, la percepción de “guarida” o “espacio privado” fundado dentro del vehículo automotor0. Una suerte de "república del yo", tal y como reza el eslogan de la famosa empresa deforestadora sueca.
Para lo primero, la industria deberá enfrentarse a las asociaciones vecinales y revindicar el Derecho al Decibelio y a la Humillación de toda forma de movimiento humano no motorizado. Para preservar la privacidad de la "esfera personal automovilística", lo mejor será seguir introduciendo mejoras arquitectónicas de usabilidad como la ya implantada en fincas de lujo "ADA (ascensor directo al automóvil)" y gadgets tales como pequeños microondas (¿o acaso no han sentido ustedes nunca la necesidad de calentar un plato de pasta precocida dentro de un utilitario?), centros multimedia y, sobretodo, nuevas interfaces y sistemas operativos para el ordenador de a bordo, de tal modo que la gente pueda seguir enganchada al mesenyer y ver porno en las rectas de la A7, que son un aburrimiento.
Otras ventajas -aparte de promover el consumo de vehículos, que se ha estancado- son, supongo, el no volver a hablar nunca más de nada interesante con nadie o, tal vez ya directamente eliminar de una vez por todas la molesta vida en común de la mayoríua, que no es rentable y es además fuente de todo conflicto social.