En documania se exhiben unos documentales escalofriantes. No por su contenido plástico sino por lo que esconden sus guiones. Parece que sigamos en la guerra fría.
O eso o existe un diseño mental en los realizadores de documentales que no ha conseguido superar aquella fase de la historia.
Hoy domingo ha comenzado la propaganda con un especial sobre Xanana Gusmao ("Xanana. Un hombre, una nación", EEUU, 51’), aquel cura católico que tuvo el acierto de unir las diversas facciones de la resistencia armada en Timor Oriental. Llevó una vida encomiable de sacrificios: su juventud quemada con un fusil por el monte, después, siete años en una cárcel en Yakarta y al fin, cuando quiere ponerse a cultivar calabazas, llega la ONU a exigirle que sea presidente del nuevo país.
En el documental, todos estos datos han pasado como estrellas fugaces, rapidísimo y con poquita luz.
Del cristianismo de Timor y de la influencia Portuguesa no se ha dicho ni pío.
En cambio, de lo que sí se ha hablado largo y tendido es del Fribilin, el antiguo partido comunista de Timor, marxista-leninista, que cuenta con la mayoría de los votos y que gobierna actualmente el país. Los han presentado como una formación dogmática y peligrosa. Han enfocado los ojos de su líder en un plano corto durante un buen rato: ese astuto truco que utilizan los realizadores para demostrar que hay algo inquietante y malvado en una mirada.
Cualquiera puede resultar turbio y malintencionado ante un enfoque así.
Durante todos los testimonios de los protagonistas intuía un fondo oscuro. Algo sucede y no lo quieren contar, he sospechado durante cuarenta minutos. De pronto, la mujer de Xanana, abre la boca con un comentario delicioso que se carga el guión del documental: “¿Qué va a hacer el pobre Xanana si viene Powell, el americano, y le dice que si gobiernan los comunistas no va a haber inversiones de empresas ni ayuda internacional?… el pobre Xanana tendrá que aceptar.” Es tan doloroso: un líder espiritual honesto, una revolución que echa al ejército indonesio, una independencia nueva y prometedora… y todo se va al carajo en cuanto aparece un matarife gringo coaccionando a todo un pueblo. Haced esto, olvidaos del comunismo o aquí no invertirá ni vuestra madre. Qué bonito.
Después de este documental en que lo sensato y lo civilizado era doblegarse a EEUU y abrazar el ultracapitalismo, han emitido otra joyita, esta vez de Corea del Norte ("Corea del Norte: acceso al terror", R.U., 52’).
Los reporteros se han pasado todo el rato hablando de censura, del gulag que tiene Kim Yong Lee, de las escalofriantes torturas que allí se realizan. Todo narrado con una voz leve y asustada, dando una imagen de “me estoy jugando el cuello”, acompañado por un tono de asco occidental, ese asco de “¿cómo pueden seguir sucediendo estas cosas en el mundo?”. Ha habido un momento en que se han intentado acercar a una zona militar y les han dicho que nanay, que media vuelta. Los reporteros rápidamente han concluido: allí es, allí es donde se tortura, allí es donde hacen experimentos biológicos con bebés y se cruzan cabras con seres humanos para crear superguerreros.
Yo, para arreglar esta estupidez, les recomendaría que intentasen acercarse a quinientos metros de Langley sin acreditación. Y que esperen a ver como les tratan en el mundo civilizado. Será una exhibición de good manners.
Por otra parte, los reporteros han continuado criticando la actitud belicosa y de odio hacia “lo estadounidense” que se respira en toda Corea del Norte. Han hablado de un “incomprensible odio hacia los americanos”. Ha llegado un punto en que incluso, con un desconocimiento de la historia del que deberían sonrojarse, han arremetido contra un militar coreano diciéndole que el hecho de que EEUU provocase la guerra de Corea es un bulo, que en realidad fue el partido comunista del norte, espoleado por la URSS, quien se enfrentó a la comunidad del sur de la península. Evidentemente, todo eso es falso. Es una mentira que surgió en la guerra fría y que, cuando los estadounidenses ocuparon militarmente el Sur, (“cediendo la soberanía”, como ahora en Irak) se enseñó en las escuelas y fue repetido por la prensa internacional. Lo cierto es que Corea iba a configurarse como un aliado comunista de la URSS por lo que EEUU, en su locura anticomunista, se introdujo para frenar el avance del socialismo. Lo mismo que hicieron una década después en Vietnam.
Según he leído, en Corea del Sur también existe un fuerte sentimiento antiestadounidense pues EEUU opera dentro de su territorio sin respetar la soberanía coreana, imponiendo acuerdos comerciales, criticando las medidas proteccionistas y coaccionando sibilinamente desde su inmensa base militar.
Y, por si todo esto fuera poco, también debe recordarse que EEUU incluyó a Corea del Norte dentro de su famoso eje maligno, ante el que no se excluían acciones de intimidación preventiva como, por ejemplo, un misilazo nuclear.
Ante todo esto, los locos estalinistas norcoreanos, detestan EEUU.
No me lo puede creer, qué insensibles son estos asiáticos.
Pero los reporteros, sin perder su exquisita sensibilidad occidental, han seguido erre que erre, comparando, por ejemplo, a partir de una foto nocturna tomada desde un satélite, la luminosidad de ambos países. Y de la negrura de Corea del norte han hecho una bonita metáfora, no cabe duda: “Corea del N. es un lugar oscuro en donde no hay electricidad y sufren continuas hambrunas”. Es curioso, no creía que el arroz necesitase halógenas toda la noche, como la marihuana.
Comprendo la gravedad de una vasta zona sin ley, de un campo de torturas, de la existencia de presos políticos… En todo esto Corea del Norte merece un cero. El mismo que EEUU por Guantánamo o Abhu Graib. El mismo cero que la guardia civil de Rentería.
Sin embargo, cómo soportar este tono de sorpresa de los reporteros, estas continuas comparaciones “viniendo de Inglaterra no podemos comprender bla, bla, bla…” Qué vanidad tan desorientada. En Inglaterra nunca has visto tortura: puede ser, claro, pero ¿y en Belfast? ¿Y en la India? Tal vez allí, los que tienen una cierta edad, piensan un poco diferente.
De una inocencia tan ignorante como la de estos reporteros de la BBC sólo pueden salir compendios propagandísticos infumables.
No sostengo que sea incorrecto criticar a Corea del N. sino que se puede hacer sin esgrimir todos los clichés que hacen que los occidentales aparezcamos como unos locos egocéntricos a los ojos del resto del planeta. Si van a un país estalinista a denunciar torturas y censuras, que lo hagan bien, que busquen buenos ejemplos, buenos testimonios de gente que, preferiblemente, no viva en EEUU y no parezca comprada. Que no se metan en el tema nuclear sin criticar también a su país, que lleva cuarenta años como potencia atómica. Que denuncien atrocidades que no realice occidente a diario, que no caigan en la bandería insustancial de querer echarle la culpa a una sola persona, o a un solo país, a una sola administración... Lo de Corea del Norte es un desaguisado provocado por EEUU y fomentado por unos locos oligarcas militares que aprovechan las embestidas diplomáticas de EEUU para presentarse como víctimas ante su pueblo. La culpa no es en exclusiva ni de Kim Yong ni de la URSS ni de EEUU sino de todos ellos. La geopolítica es más complicada que un simple “qué malos son estos comunistas que no quieren abrirse al capital”.
Simplificar así la realidad, haciendo ver que en lugar de reportero eres un jesuita santurrón, es hacerle un flaco favor a los Norcoreanos, que requieren la comprensión del mundo para evitar los colmillos estadounidenses.